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El olvido del tiempo.

El cine, imagino que también otras artes aunque me centraré en esta, tiene la capacidad de provocar en el espectador una empatía que es muy difícil de conseguir en la vida real. A base de secuencias, y de buenos diálogos, y de personajes escritos a la altura de lo que la historia propone, se ha contado lo incontable, y de vez en cuando, se ha llevado al espectador a lugares donde era necesario que estuviera para que entendiera la historia. El cine ha servido para contar casos reales, noticias estremecedoras que en los noticiarios resultaban imposibles de contar, o de contar bien.


Y sí, el cine y su manera de generar empatía ha servido también para la propaganda, y para que de vez en cuando nos intenten vender políticas, o maneras de entender la vida que quizá no están acordes con nosotros; también sirve para esto el cine, y la mayoría del público no es consciente del arma tan poderosa que tiene delante, y de que deben de ser críticos e inteligentes con lo que están viendo.


Lo bueno, o eso he creído siempre, es que los grandes cineastas son honestos y sólo cuentan historias, sin intentar guiar al espectador, sabiéndole inteligente, y haciéndole pensar por él mismo. 

Cuantas veces se olvidan los cineastas que los espectadores también piensan.


Este fin de semana, en las horas posteriores a los Oscars, me ponía al día con las dos últimas películas que me faltaban por ver. Room, y La gran apuesta. Quizá debería hablar de la primera, que es una película amable, sencilla en el planteamiento y sin embargo compleja en sus conclusiones. Pero voy a hablar de la segunda, porque me ha molestado: en el peor de los sentidos.


La gran apuesta, con sus muchas nominaciones a los Oscars, es la película más tramposa y más deshonesta que he visto en mucho tiempo. Se la ha comparado con el Lobo de Walt Street: nada que ver con ella. La película de Scorsese era honesta, y también muy divertida.


Hablaré para quien no la haya visto sin hacer mucho spoiler. La película habla de un grupo de personas, unas diez, divididas en tres tramas (entre ellos no se conocen) que unos años antes de que el mercado financiero mundial colapsara y llegara la crisis, descubren que todo va estallar. Así que, como son todos Brokers deciden especular con la posibilidad de la caída, y hacerlo con una suma inconmensurable de dinero: así que cuando todo caiga, ellos serán más ricos.

Muy de buenas personas todo...pero no voy a juzgar eso. (o sí)


Hasta ahí, más o menos todo normal: no es que los personajes sean santo de mi devoción, pero en el cine, y lejos, puedo verlos. Lo malo de la película, y lo que me ha cabreado como espectador, es que el director y el guionista nos muestre a estos inversores como genios, como héroes, como personas inteligentes que lo único que podían hacer era lo que hicieron. Así que utilizan las armas que les da el cine para crear personajes simpáticos, que empaticen rápido con el espectador, y que olviden lo que de verdad están haciendo. Y podría salvar a la película si el guionista se hubiera apiadado de ellos también, y les hubiera dado un poco de humanidad: no la hay. Ninguno de ellos se plantea durante el metraje que lo que están haciendo es amoral, que lo que deberían hacer es denunciar el caso, y llevarlo a la prensa, o a al gobierno, avisar a sus compañeros del colapso; no lo hacen porque sino perderían su dinero. El único que plantea algo de empatía con el mundo es el personaje de Brad Pitt, aunque al final para nada, porque acaba haciendo igual que todos.


Así que cuando acaba la película tengo con un monumental cabreo. Sobre todo porque pienso que los americanos no son conscientes de que no todo se puede mover por el dinero (no es que piense en todos y cada uno de los americano, pero sí que es una sociedad obsesionada con ganar y ganar) y pienso en la frase que escucho desde hace un tiempo de que la sociedad americana está enferma: desde luego se le empiezan a ver los síntomas.

Afortunadamente la película no se llevo muchos Oscars. Guión adaptado, y poco más. Bien. Así caerá en el olvido pronto. En ese que sí que es justo y que solo salva a los genios. 


En el olvido del tiempo.

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