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La Vida en la Plaza

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La vida en la plaza

La idea de grabar un documental sobre La Plaza del Constitución de Martos surge en una reunión de la Asociación Vértigo a la que pertenezco. Dentro de la Asoc. se plantea para “Airearte” (evento que gira entorno al arte, en todas sus disciplinas, y que se realiza al aire libre), la posibilidad de realizarlo en la Plaza, y que todo gire entorno a ella. Son muchas las ideas que se proponen y el evento poco a poco va tomando forma. Ahí es donde entro yo, o mi idea de rodar un documental que poder emitir durante el día en la Sala Cultural San Juan de Dios. Casi un performance que la gente visite de vez en cuando mientras se realizan las actividades en la plaza.
Así que esa será mi tarea en el Airearte de ese año. Ilusionado y sin saber muy bien por donde empezar, implico a mi amiga Trini Pestaña para que me acompañe en este viaje. Ella, como ya esperaba, se muestra entusiasmada con el proyecto, y empieza a abrir un camino que a mí me hubiera resultado complicado: concierta entrevistas, …

El olvido del tiempo.

El cine, imagino que también otras artes aunque me centraré en esta, tiene la capacidad de provocar en el espectador una empatía que es muy difícil de conseguir en la vida real. A base de secuencias, y de buenos diálogos, y de personajes escritos a la altura de lo que la historia propone, se ha contado lo incontable, y de vez en cuando, se ha llevado al espectador a lugares donde era necesario que estuviera para que entendiera la historia. El cine ha servido para contar casos reales, noticias estremecedoras que en los noticiarios resultaban imposibles de contar, o de contar bien.

Y sí, el cine y su manera de generar empatía ha servido también para la propaganda, y para que de vez en cuando nos intenten vender políticas, o maneras de entender la vida que quizá no están acordes con nosotros; también sirve para esto el cine, y la mayoría del público no es consciente del arma tan poderosa que tiene delante, y de que deben de ser críticos e inteligentes con lo que están viendo.

Lo bueno, o…

Relato sin título, y que no sé cuando escribí.

Él tenía la capacidad de amar. Era alto pero pequeño. Danzaba al andar, con pequeños movimientos, aunque la mayoría de las veces nadie lo viera, invisible al ojo indiferente. Tenía un sitio donde dormir, aunque le gustaba meterse en hogares destrozados, justo antes de que la batalla diera comienzo, escondido debajo del hueco de la escalera, sordo a los gritos como los niños que ya nunca nacerán. Se sentía reforzado por las desgracias, aunque él nunca las hubiera conocido: por no tener nada, no tenía ni eso. Él no sabía que ella estaba en algún lugar, ni que se encontrarían en el centro.

Ella tenía la capacidad de ser amada. Apenas se movía de su sitio, incapaz de dar un paso tras otro. Nadie sabía muy bien cómo llegaba a los lugares donde la llamaban. De repente aparecía, como por arte de magia y desaparecía de la misma manera. No tenía nada que perder, porque ya lo había perdido todo. Por eso había perdido el miedo, y vivía con la incertidumbre del futuro presente. Ella no sabía que …