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Los escritores que no sabían de ciencia, ni les hacía falta.

Un comienzo.
Empiezo a leer “El Reino” último libro de Emmanuelle Carrére. Como es común en los libros de Carrére, el autor introduce su vida en la narración: una vida sencilla que resulta muy interesante cuando la entrelaza con las historias que quiere contar.


Me sorprende encontrarme en las primeras páginas de la novela su experiencia como guionista de televisión en la muy reciente, y estupenda, Les Revenants. Habla de cómo fue el creador de la serie y de cómo también los productores le iban echando para atrás todas las ideas que quería ir incorporando al proyecto. Así que a mitad de temporada (en papel) lo abandona. Su idea de la serie era lo más interesante de la misma: ¿Qué pasaría si gente que ha muerto hace tiempo volviera a su casa como si nada hubiera pasado, y además no supieran que están muertos? Carrére dejaba ahí el interrogante, y contaba las historias de los personajes, sin hacerse las preguntas típicas que quizá todo espectador se hace: ¿Cómo ha ocurrido? ¿Cual ha sido el detonante para la resurrección? ¿Qué los ha hecho resucitar? Imagino que también los productores que le echaron las ideas por tierra se preguntaban lo mismo, y también imagino que por eso, a mitad de la primera temporada la serie cambia y se convierte en un producto comercial, que por otro lado, también es interesante. Me pregunto qué hubiera pasado si hubieran dejado a Carrére seguir con su idea de la serie.


El problema, al que ahora volveré, es nuestro; nuestra necesidad de respuestas.


Necesidad de preguntas.
En el otro lado, y sin embargo muy cerca en temática, está The Leftover. Resulta curiosa que esta serie también se haga una pregunta con la que los protagonistas tienen que lidiar ¿Qué pasaría si un tercio de la población desapareciera de repente? En The Leftover hay también una semejanza en el guión: también hay detrás un escritor de éxito. Tom Perrotta (la serie además está basada en una novela suya) acompañado por Damon Lindelof.


En The Leftover no ha pasado lo mismo (que yo sepa) que en Les Revenants. Los guionistas al menos no han tenido que plantearse preguntas a por qué ha desaparecido un tercio de la población mundial. Los personajes se hacen ellos mismos preguntas, y ahí es donde se genera el conflicto en esta serie: los hay que quieren olvidar y no saber por qué ha pasado todo, y los hay que quieren que todos recuerden el dolor, y que el hecho de haber perdido a esa población sea una forma de vivir.


Me parece además curioso que en su segunda, y recién acabada temporada, The Leftover siga buscando maneras de no llevar a la serie al lugar donde todas van: a las respuestas. No las hay para nadie:  sólo se cuenta la pérdida y cómo la pérdida afecta al ser humano. Me parece que es inteligente, y osado, dejar de hacer caso al espectador medio de televisión.


¿Dónde queda la magia cuando se la necesita?
Y es que estamos tan acostumbrados a que todo tenga que tener una respuesta científica, una respuesta racional, que hemos olvidado que tiene que haber también espacio para la incertidumbre, para lo que nunca sabremos. Durante miles de años la humanidad se ha quedado sin saber la respuesta a millones de preguntas sobre el mundo, y nosotros que ahora vivimos, tenemos también que acostumbrarnos a vivir con la inquietud de que no sabremos todas las respuestas, y aunque las supiéramos, no seríamos más felices, o no servirían para tanto como creemos. (El desconocimiento también es importante a veces, aunque suene naif)  Hay que dejar sitio para la magia del desconocimiento, que puede que poco a poco sea iluminado, pero que hasta ese día no estaría mal pensar que se trata de una casualidad, o de un azar, o de algo que tiene que pasar porque también tiene un por qué.

Os recomiendo las dos series. La primera temporada de Les Revenants (la segunda menos ) y las dos de The Leftover. No habrá respuestas, pero sí preguntas. Esas siempre son necesarias para que podamos seguir avanzando.

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