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De la transexualidad a la transexualidad.

Circula un video de Alfredo Amestoy de 1977 en el que hace una entrevista (mirada con ojos del presente, de muy mal gusto) a Bibiana Fernández. Imagino que los españoles de la época verían a Bibiana como un monstruo de feria al que por un momento habían sacado a la calle, o a la televisión. Y es que, si imagino era ya difícil después de la muerte de Franco hablar de homosexualidad, aún lo era más hablar de transexualidad. Los tabúes sexuales estaban a la orden del día, y la represión marcaba todavía a la sociedad española, que poco a poco, quizá sin saberlo, abriría caminos y mentes por todo el mundo.

Quizá Almodóvar fue uno de los que más arriesgó a la hora de contar con verdad, y sin tapujos el tema de la Transexualidad. Cuando nadie hablaba con naturalidad de ese tema, Almodóvar hizo una de sus mejores películas, “La ley del deseo”, donde Carmen Maura interpretaba magistralmente a un mujer que había cambiado de sexo, a la que le acompaña un pasado difícil, y complejo. Quizá esta valentía en los ochenta y en los noventa de Almodóvar para hablar de personajes que, desgraciadamente, sufrían marginación y rechazo social, le valió al director manchego una etiqueta de excesivo, que mucha de la población española todavía no le ha perdonado.

Sin embargo, o al menos es lo que recuerdo vagamente, apenas se habló más de la transexualidad en el cine hasta los 90. Recuerdo la controversia de la película de Neil Jordan, “Juego de lágrimas” en el festival de Cannes, y como a partir de ahí, quizá el cine, a veces gran reflejo de la sociedad, fue dando, poco a poco, y muy despacio, voz a la transexualidad.

Ha habido muchas películas, algunas mejores y otras peores. Boys don´t cry, Mi vida en Rosa, o Transamerica. Películas que intentaban explicar lo mejor posible cual era el proceso para cambiar de sexo. Todo un reto para los directores y directoras, que se han tenido que enfrentar a un tema que es complejo y complicado. 

...o quizá no lo es tanto.

En los últimos años parece que la transexualidad ha dejado de ser un estigma social. Si el cine o las series son un reflejo de lo que somos, los transexuales ya no tienen que irse de casa para vivir la vida que ellos han elegido, la sexualidad que quieren y desean vivir. Dos series son muestra de esta nueva forma de ver la transexualidad. Transparent, y Boy meets girl, americana e inglesa respectivamente.

La primera habla de cómo un padre de familia con tres hijos, a la edad de su jubilación, decide empezar un proceso de cambio de sexo. Lo habla con sus hijos, muy modernos los tres, y con su mujer. No cuento mucho, pero recomiendo la serie encarecidamente. Transparent es preciosa. Una serie inteligente, compleja, y que además en su segunda temporada hace hincapié en la sexualidad de cada uno, y en cómo nos hemos puesto a nosotros mismo cadenas que no nos dejan avanzar hacia una sexualidad plena, hacia una vida más feliz.

La otra serie, Boy meets girl es también un caramelo. Esta es la típica historia de chico conoce chica. Se enamoran. Se conocen. Y sus familias entran en juego. Y también el secreto de ella, que cada uno tendrá que ir descubriendo, y opinando, pese a ser un asunto que solo incumbe al Chico y a la Chica.

Así que, después de ver estas dos series, es claro que hemos avanzado mucho. O por lo menos nos hemos quitado muchos prejuicios a lo largo de los años. El pasado nos recuerda lo que éramos. Y el presente lo que ahora somos. Espero que el futuro aún sea mejor, y poco a poco la sociedad deje de ponerse trabas con respecto a la sexualidad. Va a ser difícil, ya que cada vez hay más grupos en busca de enfrentamiento, en busca de conflicto ( Transparent tiene mucho que decir de esto en su segunda temporada, aunque no hago espoiler).  

Disfrutemos de lo que somos, sin miedo. De la vida, del amor, del trabajo, y del sexo. Es nuestro derecho, nuestra forma de expresarnos ante el mundo. Formas propias. Diferentes. Todas enriquecedoras. Sin miedos. Siempre sin miedo.


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