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Firmas, universos, mundos, televisiones.

Hace unos días veo Lola Montés, de Max Ophüls, director del que apenas he visto películas pese a saber que es uno de los grandes, y haber comprobado que su cine es “gran cine”. Y es que, pese a que me gusta mucho el séptimo arte, siempre me ha gustado, tengo muchas lagunas cinematográficas, sobre todo en lo referente a las grandes películas clásicas. Veo mucho cine pero muchas de las veces me dejo llevar por el estreno, aunque sé también que esas películas pueden ser menores que las que el tiempo ha dejado vivir hasta nuestros días. 

También creo que uno tiene que ver lo que le apetece en cada momento, y que el obligarse a ver cine clásico, a veces es muy bueno, y otras no lo es tanto. La obligación no siempre es productiva. 

Sin embargo el cine que he visto a lo largo de los años ha estado casi siempre marcado por una firma. Por una forma de ver la realidad que lo ha hecho único, que lo ha diferenciado de los demás. Los grandes nombres, los grandes directores y directoras se han hecho visibles por un estilo peculiar que los hace únicos, y que los cataloga como creadores, como verdaderos cineastas. Las fobias, los temas, los encuadres, la fotografía, la escenografía, y las interpretaciones hacen de una película algo único, y si eso lo unimos a un director, todo se convierte en un universo. 

Hay algunos más reconocibles, nuestro Almodóvar por ejemplo goza de un universo muy rico, al igual que también lo es el de Burton, o de David Lynch, o el de Buñuel, o de Hitchcock, o el de Bergman. Nombres y más nombres que a lo largo de la historia del cine han ido marcando al celuloide de personalidad, y que han hecho fans a grandes cinéfilos, ansiosos por ver la nueva de Woody Allen, o de Almodóvar. 

Ahora todo ha cambiado. Las series, quién lo diría, empiezan a llevarse los presupuestos cinematográficos, y las mejores historias empiezan a verse en televisión, y no en la gran pantalla. (Hollywood parece anquilosado en los Superhéroes, y el estancamiento es evidente) Todas las grandes cadenas americanas tienen su serie, y los actores empiezan también a abandonar las grandes productoras cinematográficas para entrar en proyectos televisivos. 

Y series hay muchas; muchas de ellas son buenas, y otras no lo son tanto. Pero lo que sí tienen todas en común es la pretensión de abarcar el mayor número de espectadores posible. Edades heterogéneas para que la familia pueda sentarse en el sofá con un bol de palomitas. Así que el riesgo en las series es mucho menor (hay excepciones como HBO a la que le sigue importando poco la familia: no hay nada más que ver sus escenas sexuales) 

Y sin embargo, me pregunto donde ha quedado el cinéfilo en todo este universo de series. En las series lo primero que se ha perdido es la firma del director o de la directora. Ya no hay un estilo reconocible en la pequeña pantalla. No digo que estén mal rodadas las series, pero la dirección ha pasado a un lugar secundario. Tantos capítulos dirigidos por tantos directores hacen que todo se diluya, y lo peor, que al poco tiempo nada se recuerde, que no quede poso como sí dejaba el buen cine. Quizá el guionista ha tomado esa posición privilegiada, ya que parece que los grandes nombres vienen ahora representados en los guiones. David Simon, o Aaron Sorkin, por poner dos ejemplos muy conocidos. 


No sé cual sería la solución. En los últimos años alguna serie o mejor dicho, alguna cadena, empieza también a dejar ver el punto de vista del director. The Knicks es un buen ejemplo en el que la dirección de Steven Soderbergh está más que presente. También la estupenda Mr. Robot dirigida por Sam Esmail. Quizá nos encontremos simplemente en una transición, rara y confusa. Del cine a la pequeña pantalla. Espero que en el camino no se lleve a grandes creadores, y que pronto todo vuelva a su lugar. Sea este el que sea. Y venga de donde venga. 

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