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Oporto bien vale un Festival. (Viaje a Portugal 1 parte)

Empiezo a vivir Portugal como una segunda casa, como un lugar donde se mezcla sin estridencias el ocio con los nuevos proyectos, los mojitos y caipiriñas con el teatro, la música con la actuación, y en donde me encuentro agusto, a ratos más que en España; allí se queda una realidad que cada vez llevo peor: en Portugal no hay noticias, y durante dos semanas puedo vivir como en una burbuja.

Oporto llega primero, y se descubre por segunda vez como una ciudad por descubrir al completo. Recorro con Miguel Ángel su casco antiguo, donde vivimos durante cuatro días. Aunque somos turistas intentamos huir de todo lo que huela a turismo. Buscamos restaurantes para Portugueses donde la comida es deliciosa, un placer que descubrir cada día. La decadencia en los edificios está incluso más acentuada que en Lisboa. Aquí falta dinero para las rehabilitaciones, y como espectador se teme lo que se puede perder cuando ya sea tarde, cuando los cimientos de los edificios cedan por fin y todo caiga sin remedio. Y sin embargo esa decadencia es la que hace de Oporto una ciudad tan interesante; su centro nos enseña el esplendor de los siglos anteriores, cuando el vino era un bien apreciado por todos. Grandes edificios, grandes estatuas que desde arriba miran al que las observa, como pequeños dioses que han vivido durante años una vida que ha sido incesante, y que seguirá existiendo hasta que el tiempo decida por ellas.

Oporto también nos espera en las afueras, donde el Primavera Sound abrirá sus puertas. A la aventura se suman Antonio y Marcos, que con una energía desbordada nos acompañaran concierto tras concierto, y también los días restante en los que Oporto nos seguirá recibiendo, descubriendo nuevos restaurantes, nuevas tiendas, rincones que se dejarán descubrir poco a poco, como un nuevo amigo al que se tardará años en conocer.

Nos gusta mucho el festival. Las últimas citas a las que hemos acudido han sido las del FIB y hemos acabado hartos de ingleses borrachos que encima, molestaban mucho en los conciertos. Así que la primera impresión del Primavera Sound de Oporto no puede ser mejor: la gente es tranquila. El recinto es también inmejorable. Todo es césped y además, muchos de los escenarios permiten sentarse en el suelo mientras se disfruta de los conciertos. Y para rematar, las bebidas son baratas, casi como en nuestro Vértigo.

Lo malo, y es que para todo siempre hay algo malo, es que en los macrofestivales llega siempre un momento de saturación; o se solapan grupos que quieres ver, o por el contrario hay tiempos muertos en los que no te interesa nada, y acabas viendo cualquier cosa que te aburre más que te gusta. Y luego está también el momento decepcionante: si hay algo que le gusta  hacer a algunos grupos o cantantes es dar conciertos diferentes cuando se trata de un público muy numeroso. En este caso le tocó el concierto horrible a Sun Kill Moon, que a pesar de tener un disco precioso, su directo resulta horrible, destrozando unas canciones llenas de sensibilidad, de intimidad. Una pena. Antony and The Johnsons pudo caer también en el mismo error, pero no lo hizo. Él es consciente de su música, y da el concierto que tiene que dar sin depender del número de gente que lo esté escuchando. También está el efecto contrario: The New Pornographers dan un concierto estupendo, preparado para un público que no conoce todos sus disco, pero que son conscientes de sus éxitos, y los tocan, siempre en alto, como grandes músicos. Ride me sorprende gratamente (y descubro a quién copian, descaradamente, los Planetas) en un Festival al que quizá no llego ese gran concierto que hipnotiza, y que sorprende. No siempre uno va a tener la suerte de encontrar algo que se salga de la norma. O quizá lo que me llevo es la Zona de conciertos, el Festival en sí, que resulta mucho más interesante que el de Barcelona.

Así que podríamos decir que siempre nos quedará Oporto para volver. Y que repetiremos festival, sin muchas dudas. Hay tantas excusas para seguir viniendo...

(continuará)


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