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La ficción política


Quizá ha sido casualidad que haya escrito entradas que hablen de la invención, de la ficción, aunque en el fondo siempre he intentado hablar de las ficciones cotidianas, del cine y de las serie, de la música y de los libros, que cada día se cuelan en mi casa, que cada día abren un poco más mi mente, a veces obcecada por la realidad. 

De lo que sí que no suelo hablar es de Política. No porque no me interese; tengo que vivir con ella, ya que al fin y al cabo, la política mueve nuestros destinos, y cambia la forma que tenemos de vivir, por mucho que nos pese. Así que el voto, aunque no se sepa muy bien su valor, tiene un peso de resistencia silenciosa en mi vida diaria, de poder, (que no es tal) que por mucho que quiera, por mucho que me engañe, me convierte en un iluso; quizá nos convierte a todos.

La política, o los políticos, o los partidos, se han convertido en Ficción. Si hace unos años todo se basaba en las ideas, ideas que los partidos impulsarían si ganaban, y claro está, las que llenaban su campaña, ahora las ideas o las propuestas han pasado a un segundo nivel, y ya han dejado de ser tan interesantes. Ahora los partidos ya no venden sus propuestas, más bien se centran en las del contrario para desacreditarlas, y así obtener una mayor ventaja en las urnas. Quizá al principio (no lo justifico) pudiera ser curioso esta nueva forma de llegar al votante, pero en los últimos años se ha convertido en una pescadería en hora punta, en un “Sálvame” político que no crea, ni hace avanzar a la sociedad, sino que solo busca desorientar al votante.

¿Qué es lo que tenemos que saber? ¿Qué tenemos que pensar?

Imagino que siempre se ha hecho, pero en el último años los partidos políticos, de todos los colores, se están haciendo expertos en mostrar una Ficción de los contrincarios políticos. Los medios de comunicación, a veces afines  a los partidos, entran en ese juego que se ha estandarizado rápidamente, y que además, parece estar justificado, como si fuera lo que se debe hacer. Y en ese juego de hacernos ver lo que los demás son, aunque no lo sean, vale todo. Valen las zancadillas, las invenciones, y también y más preocupante, la prevaricación de los partidos gobernantes que usan las instituciones para uso propio, y para desacreditar al contrario.

Y el votante, entre tanta información, queda contaminado, muchas de las veces pierde el sentido crítico, y ya no sabe qué pensar de nada, ni de nadie, haciendo que la ceremonia de votación se convierta en un trámite indigno, que mejor que pase rápido, y no en la fiesta de la democracia que algún partido ha querido vender.

¿Es de verdad esto una sociedad?

Cuando se dice por ahí que tenemos a los políticos que nos merecemos, se me cae la cara de vergüenza. Yo no creo que me merezca esta clase de sociedad, ni esta clase de política. Yo quiero partidos que me enseñen sus programas, que me hablen de ellos, aunque sea mentira lo que me digan, y que dejen de hacer comparaciones, y de ponerle las zancadillas al contrario ¿Es lo que deberíamos hacer los ciudadanos, es la lección que debemos de sacar, poner la zancadilla ya que nuestros políticos la ponen? ¿Queda algún político honesto, o todos se contaminan cuando entran en los partidos, cuando se defiende a la "familia"?

En fin, afortunadamente, he decidido votar por correo. Aun sigo empadronado en mi pueblo, y voy a tener un año en que no sé si podré estar en Martos para votar. Eso me va a librar de tener que escuchar lo que dicen, las mentiras que todos han instaurado, y al menos, en mi casa, tener cinco minutos delante de las papeletas, y discernir algo que seguramente no sea adecuado, ya que la contaminación está en todos lados. La Ficción se ha vuelto realidad, y ya es imposible de separar.

Desgraciadamente. 


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