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La excesiva educación.

En pocos meses veo la mayoría de películas de Xavier Dolan, cineasta Canadiense que seguramente a muy poca gente le suene. La verdad, es que a mí tampoco me sonaba hace unos meses, hasta que su última película Mommy, empezó a despuntar en los festivales, y a perfilarse como una de esas películas que siempre gusta, o que gustan mucho en los festivales, que no sé muy bien qué significa. 

Como soy inquieto, así en general, empiezo a buscar la filmografía de Xavier Dolan en Filmin. Me suena una de sus películas, Laurence Anyway, de haber visto algún reportaje en Días de cine. Así que la veo rápidamente; me sorprende mucho: una rara mezcla de estilos, a veces rozando el límite del buen gusto, pero que también a ratos tiene momentos de gran cine, y en otros te da la impresión que lo que hace es fruto del azar más que del talento.  

Sin embargo, sigo viendo películas de Xavier Dolan. Descubro además en su biografía que es joven, y que el mismo director es actor, y el protagonista de algunas de sus películas. Es muy joven, mejor dicho. Apenas llega a los treinta y ya ha hecho cinco películas...vale, retiro lo del azar y la falta de talento. 

También empiezo a descubrir sus temas, sus obsesiones, que en él están elevadas al cuadrado. (es excesivo sobremanera) La relación con los padres, la identidad, el amor no correspondido, son parte de ese mundo que poco a poco empieza a gustarme, en el que, no sabes por qué, ya no te sientes tan ajeno, y lo que al principio chirriaba por excesivo, ahora lo admiras por transgresor. 

Es el tema de los progenitores el que parece que más le obsesiona. Los padres, o la madre que es la que educa en sus películas parece la culpable de todos los males de sus jóvenes protagonistas. Esa relación que es a ratos educadora, y a ratos dictatorial, y  de la que hay que librarse para que se pueda seguir avanzando. En Dolan se convierte en obsesión enfermiza, como si el vínculo madre e hijo fuera irrompible, de ahí que nazca el conflicto, y el exceso. (Dolan rueda peleas tremendas) 

A cada cual imagino que nos afectan los progenitores de diferente manera. Y sin embargo, nos afectan. A veces son los culpables (siempre hay un culpable para lo que nos pasa) de lo que somos, y muchas de las veces son los héroes que nos han hecho de la manera que, también somos. Ni tanto, ni tan poco, imagino. Aunque pedir responsabilidades también es infantil, ya que han puesto lo mejor de ellos para educar, o para intentarlo. 

Por lo demás, estoy casi seguro,  la educación depende mucho también de la observación. Los niños son esponjas, y lo primero que ven es lo que pasa en su casa; qué hacen los progenitores, cómo hablan, qué opinan, cómo se relacionan, cómo son sus trabajos, cómo es su vida diaria, cómo tratan a la gente, cómo se comportan ellos, cómo se enfrentan a los miedos, cómo solucionan  los problemas, las crisis, cómo viven en definitiva. Se suma también la educación social, como dice Marina, la tribu, que también es educadora, y de ahí, de ese amasijo de influencias, nacen lo seres humanos, y de ahí, también nacen los miedos que serán, los traumas que serán, y la felicidad, que siempre es búsqueda, constante enemigo. 

Al otro lado de Dolan está Richard Linklater y su Boyhood, película soberbia que defenderé siempre, o eso creo. Ahí se encuentra el crecimiento de un ser humano, su relación también con sus progenitores, y su acercamiento a la vida adulta. De forma pausada, casi como si fuera un documental, Linklater urde en diez años ese crecimiento, esa educación fundamental para que la vida pueda continuar, para que la sociedad avance de la mejor manera posible. 

Lo más curioso, o lo que me parece más curioso, es que tanto el exceso de Dolan, como la sencillez de Linklater son complementarias, en ningún momento enemigas, y puede también que los adultos que se creen en esos universos, tan diferentes, puedan ser amigos en el futuro, y puedan formar parte de la sociedad que todos construimos, y de la que muchas de las veces no nos sentimos muy orgullosos. 

Al igual que en el cine, las normas están para romperlas, o para seguirlas, pero ninguno de los dos caminos garantiza el éxito, y eso sí que lo hace todo más complicado. 

O quizá más justo y sencillo. 


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