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Una pieza inacabada

Me entero de la noticia en Julia en la Onda, de que Anne Perry, conocida escritora de novela negra, es una de las chicas que retrató Peter Jackson en su estupenda película, Criaturas Celestiales, película, claro está, basada en hecho reales. En la película se contaba la historia de dos adolescentes que se hacen muy amigas en el colegio, y que comparten su afición por el cine y por la literatura. Es tanta la compenetración que sienten (además de ser amantes) que ambas se ponen a escribir una novela de aventuras con un mundo mágico donde se dejan llevar, donde se aíslan y viven, donde olvidan que les ha tocado una adolescencia donde no son las más conocidas de la clase. Finalmente una de ella tiene que irse, y la otra quedarse en su ciudad, ya que la madre no la deja ir. Solo tienen quince años. Ambas deciden matar a la madre para que así puedan estar siempre juntas. Un crimen horrible que retrata a la perfección Peter Jackson en una película que después de veinte años sigue fresca e interesante, y a ratos, sublime.

Desde que escucho la noticia del pasado de Anne Perry no paro de dar vueltas a cómo alguien puede sobrellevar el asesinato y seguir haciendo una vida más o menos normal. Leo alguna entrevista a la autora donde le preguntan por ese pasado, y dice que la religión le ha hecho superarlo, y también el perdón; perdonar un pasado que por lo que parece en las entrevistas, ella ha dejado de darle importancia. No lo ve literario, ni interesante, dice tajante. En una de las entrevistas incluso se preocupa de su madre a la que dice que el revuelo de descubrir su pasado la ha alterado mucho. No se puede decir lo mismo de la madre de su amiga.

Y sin embargo, y por lo que parece, Anne Perry ha sabido seguir viviendo. Ha escrito multitud de novelas, y ha vendido más de 25 millones de ejemplares, que se dice pronto. Yo no he leído nada de ella, todavía, pero estoy seguro que por mucho que lo intente siempre tendré en cuenta ese asesinato precoz, sin duda, atroz, y tendré prejuicios a la hora de seguir las tramas dentro de sus historias, aunque ella diga que el pasado no le afecta en absoluto.

Patricia Highsmith decía que necesitaba liberar sus demonios con la escritura, y necesitaba que estos le acompañaran, quizá ella también era una asesina en potencia a la que la literatura salvó del horror.

¿Somos pasado o simplemente presente?

Por otro lado, curiosamente, también me siento perturbado por una película española que por fin he visto, Magical Girl, de Carlos Vermut. Y digo curiosamente, porque la película de Vermut también tiene que decir mucho sobre el pasado, ya que para la historia éste no existe, o no se cuenta, más exactamente, llenando la historia de agujeros que lo hacen todo más interesante. Todo gira en torno a cuatro personajes que viven con un pasado que nunca sabemos, que puede que sea fundamental para conocer sus motivaciones en el presente, pero que no se cuenta; una pieza de un puzzle que el autor no nos da.

Y hay una frase que siempre dicen los historiadores, y es la de “mirar al pasado para entender el presente”. O como decían en la estupenda Magnolia, se puede olvidar el pasado, pero él no se olvida de nosotros. Es curioso el pasado, esa cosa intangible que ya ha dejado de existir, pero a la que por lo general nos aferramos como si fuera nuestro presente, y en la que nos miramos para entendernos, en las que a veces nos obcecamos para ser felices, para ahondar en unos recuerdos que son inventados, dependiendo del presente, del momento. Los recuerdos que también nos definen, y nos hacen avanzar, pero a los que de vez en cuando, como la escritora, nos gustaría borrar de un plumazo, porque también son losas que no nos dejan avanzar, en una vida que se convierte en arenas movedizas cuando todo podría ser terreno firme.

¿Olvidamos poco?

Quizá lleve razón Anne Perry y el pasado no tenga tanta importancia, o puede que como Carlos Vermut hace en su película, no lo necesitemos para entendernos en el momento presente. O quizá lo mejor, cual libro de autoayuda, sea levantarse cada día para hacerlo mejor que el anterior, sin olvidar que el anterior nos hizo llegar al de hoy.

Pasado y presente como partes de un todo para seguir mirando al futuro, para completar el puzzle que nos deje seguir avanzando. Para entendernos a nosotros mismos en este laberinto de emociones que a veces es la vida. Por lo menos eso, que sirva para entendernos...todo lo demás, quizá, deje algún día de ser importante, sobre todo cuando ya no estemos aquí para defenderlo.

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