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Las dos caras de la verdad.

Devoro en tres sentadas una miniserie Australiana llamada The Slap. Tampoco son muchos episodios; 8 estupendos capítulos que ya se está encargando la televisión americana en hacer su propia versión (no sé si la veré, ya que la original es realmente buena) The Slap gira en torno a un incidente ocurrido en el primer capítulo, una bofetada que un personaje da a un niño que no es su hijo y que explota como si de una bomba atómica se tratase. A partir de ahí cada capítulo se centra en un personaje; personas que estuvieron ese día siendo testigos del incidente, y que claro está, tienen algo que opinar sobre el mismo.

Tampoco quiero contar mucho más sobre una serie, que como digo, es muy interesante, ya que trata muchos temas: temas que entroncan con la condición humana; la vejez, la moral, la amistad, la sexualidad, la maternidad, la educación, o la religión, se entretejen con maestría y al terminar, deja un buen sabor de boca, un final feliz para gente que intenta vivir lo mejor que puede, lo mejor que han aprendido.

Cuando acabo la serie me reafirmo en que la Ficción es importante para la vida,  y que aporta caminos para que seguir viviendo sea algo más fácil; la ficción como mapa para los que estamos algo perdidos.

La alegría me dura más bien poco.

Veo el documental de Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, llamado La sal de la tierra, y que habla del Sebastiao Salgado, fotógrafo que durante décadas ha ido recorriendo el mundo y fotografiando la vida. Salgado es testigo de quizá, lo peor que el ser humano es capaz de hacer. Mira con su cámara los trabajos forzados en busca de Oro en su mismo país, o la barbarie en Ruanda, en una guerra donde los muertos inundan las calles, la vida, la cotidianidad. También la guerra de los Balcanes le sobrecoge, y sobrecoge al espectador, que por mucho que intente acostumbrarse es incapaz de mirar sin sentirse culpable de algo que ya es pasado, como si ahora pudiéramos arreglar algo. Como si tuviéramos el poder para cambiar el mundo. Falsa ilusión. Y viendo la realidad que retrata Salgado, la reflexión sobre la Ficción parece perder fuerza, porque, qué es más complejo que la realidad, qué es más complejo que intentar entender cómo el ser humano es capaz de vivir en el horror sin sentir la culpa. Y me siento inundado de realidad, sin poder ver ya nada más que la misma.

Y sin embargo, imagino que las dos verdades, FICCION/REALIDAD son inevitables.

Las dos realidades, la de la Ficción de The Slap, y la de la Sal de la tierra, forman parte de la vida. Ambas son necesarias, aunque una nazca de la imaginación, y la otra no, ya que ambas quieren contar una verdad mayor, una verdad que desentrañe la maraña en la que el ser humano tiene que seguir viviendo, e imagino que las dos verdades, aunque opuestas, son complementarias. O quizá también el tamiz del tiempo nos haga ver la Realidad como una Ficción.


Os recomiendo tanto la serie como el documental; yo seguiré viendo las dos realidades, porque al menos para mí, sí son importantes, y me ayudan a seguir viviendo. Que no es poco.

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