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¿El impostor?

Leo con un mes de diferencia El impostor de Javier Cercas, y Como la sombra que se va, de Antonio Muñoz Molina, libros que tienen una temática parecida y que además han sido publicados casi al mismo tiempo. Tienen muchas más cosas en común: ambos intentan desentrañar el dilema de dos personas totalmente diferentes: Enric Marco, El impostor,  un catalán que pasó gran parte de su vida haciendo creer a todo el mundo que había estado en un campo de concentración, y James Earl Ray, protagonista de Como la Sombra que se va, y que se hizo mundialmente conocido por ser el asesino de Martin Luther King. En realidad los dos libros intentan desentrañar la personalidad de sus personajes reales (a los que convierten en Ficción) de manera diferente, y con diferente suerte, ya que al fin y al cabo, son dos libros distintos y sobre todo, son dos autores muy diferentes, los cuales apenas comparten más que el idioma en su manera de enfrentarse a la literatura.

¿Todo es Ficción?

Descubrí a Muñoz Molina mucho antes que a Javier Cercas. También es verdad que el primero es mayor, y lleva mucho más tiempo en la literatura. Y reconozco que, durante mucho tiempo, he sentido adoración por su obra. Muñoz Molina ha sido un referente en mi vida, una recomendación continua a todo aquel que no lo conocía, y su manera de ver el mundo una visión a la que poner la mirada en el mío. He seguido con auténtica devoción cada uno de los nuevos libros que durante años ha ido publicando y también he leído sus artículos, a veces certeros, siempre interesantes;  diría que Muñoz Molina ha sido a lo largo de los años un guía moral invisible, y que he considerado su literatura como la de un amigo, como la de alguien muy cercano, (aunque esto fuera falso...ya que no lo conozco) Autores de cabecera, imagino que se les llama. Imagino que eso es.

¿Qué es real y qué no?

Me resulta curioso como los dos autores justifican su aproximación a los personajes que han elegido. La de Cercas es abierta, y se retrata en sus frases: se pregunta si es él mismo es un impostor, y si el personaje lo ha elegido. Por eso se aferra a no escribir sobre él, por eso quiere huir de un personaje tan deleznable, por eso no quiere parecerse a él. Muñoz Molina toma un camino diferente, y apenas justifica su novela, novela que intenta ser ficcionada, ya que como en A sangre fría, toma conciencia del personaje y dibuja los días posteriores al asesinato de Luther King, sobre todo los días que pasó en Lisboa, y que al autor le sirve para hablar también de su vida en la ciudad a lo largo de los años. Y aunque los dos autores son sinceros, resulta más creíble la narración de Cercas; es verdad que Enric Marco sigue vivo, pero el proceso que escribe Javier Cercas está más cercano al lector que el que elige Muñoz Molina, que se aleja con frases grandilocuentes y muchas de las veces vacías, que mucha de la veces da la impresión de que tiene tantos datos que usar, tanta documentación, que lo importante, que es el personaje, se diluye entre cifras, entre números, entre la frialdad del que pasa demasiado tiempo entre papeles.

A Cercas llego por el cine. Quizá demasiado tarde, o quizá como la mayoría de la gente; tras conocer su adaptación de Soldados de Salamina por parte de David Trueba. Leo a posteriori la novela, y quizá porque ya conozco la historia no me interesa demasiado. Es su ensayo sobre del 23F el que me atrae de verdad. Me encanta su manera de acercarse a los hechos, y a partir de entonces, empiezo también a seguir a Cercas. Quizá a tenerlo también como referente, quizá a ser el nuevo Muñoz Molina del que con los días me voy desenamorando. Cercas es la voz lúcida en el periódico. Javier Marías también hace un tiempo que deja de interesarme en los artículos, y la voz del escritor Catalán es certera e inteligente, lúcida casi siempre. El impostor tiene además lo que más me gusta de él. Sus novelas llenas de preguntas, su manera de ficcionar la realidad con su propia vida; me gusta mucho este Cercas, y también, después de varias novelas, llego a la conclusión de que las que están más centradas en la ficción me interesan menos.

Nuevos escritores, nuevos personajes.

Los dos autores desnudan parte de su vida en las novelas. Cercas habla de cómo lo cotidiano, cómo su vida diaria le influye a la hora de escribir; su mujer y su hijo forman parte importante de la novela, y también sus reuniones con los amigos, con los escritores que conoce y lo aconsejan o desaconsejan. Es verdad que Cercas pone un muro, quizá necesario, o que quizá no necesita enseñar, y no llegamos a conocer al autor más allá de sus peculiares neurosis, o de sus dudas. En el caso de Muñoz Molina puede que esto sea lo más parecido a una autobiografía, si bien es cierto que todas las novelas que transcurren en Mágina tienen un halo autobiográfico. Esta vez habla sin tapujos de su primer matrimonio, de su vida en Granada, de su primer viaje a Lisboa, del amor por descubrir en su actual mujer. Y aquí Muñoz Molina sí da un salto mortal y deja al lector que opine; él simplemente cuenta. Y sin duda, esta parte, más desnuda, más sincera, es lo que hace interesante una novela, que sino, hubiera sido del todo fallida.

Crear a partir de lo escrito.


Uno nunca sabe qué autor le va a gustar mañana, y por qué establecemos relaciones imaginarias con los mismos, por qué además somos capaces de priorizar sus formas de vida en lugar de centrarnos en la calidad de su obra. En el fondo, puede que para nosotros sea lo mismo, y que la ficción ya empiece en su vida, ya que al fin y al cabo, no son nuestros amigos. Así que cuando hay algo de esa ficción (de esa vida del escritor) que no nos gusta, también deje de gustarnos la obra, ya que el personaje está unido a ella irremediablemente. Yo esta vez, y después de La Noche de los Tiempos, me reconcilio de nuevo, por el momento, con Muñoz Molina. A Cercas, a su personaje de ficción, todavía no le he visto ningún “pero” que me haga empezar a odiar su literatura. Así que seguiré leyéndolo. Y seguiré también inventándome sin darme cuenta una vida que no es de verdad, pero que crea a los escritores: que crea a Impostores a los que necesitamos para entender lo que escriben.

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