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Luego ya vendrán los madremías.

Me recomienda mi amigo Miguel Ángel que vea un capitulo de South Park, serie que no veía hace muchos años, y a la que en “esos años” no le pillé el punto. Ahora, me he vuelto a enganchar: serán esos años de más que cambian la perspectiva. 

En el capitulo que me recomienda a Stan y a su padre les pasa algo raro. Stan empieza a escuchar la música que escuchan sus amigos, y de repente todo le suena a pedos. (literalmente) A su padre le pasa igual, pero finge que le sigue gustando la música porque quiere parecer joven. Lo malo es que a Stan empieza a sonarle todo a pedos, no sólo la música, sino el cine, o la televisión. Sus amigos a los que la música les suena estupendamente, empiezan a darle la espalda, ya que Stan se empieza a volver un cascarrabias, y no les deja disfrutar de la música, y de sus aficiones. Más o menos esto es el capítulo. Luego volveré, imagino. 

Uno nunca sabe qué impulso le atrae para intentar descubrir nueva música, o cine, o novelas, también series. Quizá esto ya se ha hablado de una manera o de otra en este blog. Lo cierto es que el impulso existe, y que también se va perdiendo con la edad. Quizá los años nos hagan ser más exigentes, o quizá simplemente esos mismo años (que ya aparecen demasiado en la entrada) hemos visto, escuchado y leído tanto, que todo nos resulta repetitivo (no lo era seguramente cuando no habíamos escuchando, ni visto, ni leído tanto) Pero, al igual que le pasaba a Stan, que empezaba a sonarla todo mal cuando era joven, a muchos todavía nos siguen interesando lo que se hace en la actualidad (¿o quizá fingimos como el padre para no parecer anticuados?). 

Sin duda, o yo no tengo muchas dudas, hay un término medio para todo. Hay que asumir que con la edad somos más selectivos, y que ya no nos puede gustar todo, simplemente porque ya hemos visto mucho, y algunos autores se repiten y copian a los que una vez fueron, y también hay que asumir que no todo puede ser malo, y que siempre hay cosas interesantes; que nuestra época, los días que nos han tocado vivir también son capaces de dar genialidades al igual que se dieron hace cincuenta años, cien, o doscientos. 

Quizá el gran problema sea que al madurar también nos volvemos más clásicos, y todo lo que no está dentro de ese standard nos resulta pretencioso.

Pero quizá hay que ir más lejos. En cierto modo, y sin que queramos verlo, perdemos la juventud sin darnos cuenta. No la edad, sino un concepto de ser joven que acaba cuando dejamos de interesarnos por lo que están haciendo en el mundo, una manera de empezar a aceptar que algún día moriremos, ya que, al fin y al cabo, el impulso por conocer nos ha movido y ha centrado nuestra vida, y aceptar que ya no se tiene es aceptar que algo dentro de nosotros ha muerto. 

O puede que sólo sea una etapa. 

No sé en qué momento de la vida estoy. Quiero creer que me sigo interesando por el cine, o por la música, o por la literatura, y que continuamente se está moviendo dentro de mí haciendo que el “Impulso” se renueve con cada película, con cada obra de teatro en la que se abre algo en mí que me hace entender un poco mejor el mundo. 


Para qué sino hemos venido entonces. 

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