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Impunidad

Creo que este año que llevamos (final del anterior,  si apuramos) está siendo de lo más interesante en  lo que a cosecha cinematográfica se refiere. Quizá, el influjo de las series ha estaba ocultando estupendos títulos, o simplemente, no ha habido tan buenas películas como la de estos últimos meses. No lo sé. Pero títulos como Nebraska, El lobo de Walt Street, La caza, La gran Belleza, La vida de Adéle, The Act of Killing o Todos queremos lo mejor para ella, hacen que desde luego, recupere la ilusión, y las ganas de ver cine. De ponerme enfermo por querer ver tantas películas. 

Y sin embargo, no voy a hablar de la película que más me ha gustado de todas las que he visto (aunque me ha gustado mucho) Philomena, película de Stephen Frears que se acaba de estrenar en España, y que cuenta la historia verdadera de una mujer en una Irlanda Católica (como nuestra España) a la que le arrebatan en un internado de monjas al hijo que había tenido siendo soltera. 

Philomena me parece muy interesante a muchos niveles. Me gusta cómo está contada la historia de la búsqueda de su hijo a través de continentes, una historia de idas y venidas, de casualidad, y de equivocaciones. Me gusta claro está, la actuación perfecta de Judi Dench, tan solvente como siempre, y del peculiar actor ( y guionista de la película ) Steve Coogan, al que además le tengo un especial cariño ya que aparece en muchas películas de Winterbottom (incluida la inclasificable The Trip) 

Y sin embargo, lo que más me interesa de la película es un tema secundario, y es el tema religioso. En la película, las monjas venden por mil libras al hijo de Philomena, y además ocultan la información a la madre cuando quiere iniciar una búsqueda. Algo muy cristiano, y muy católico, y muy de hacer el bien, por lo que parece. 

Y lo que más me molesta, es la impunidad con lo que se hace todo. Imagino que si cualquiera de nosotros cogiera a un niño de alguien y lo vendiera, iría a la carcel, ya hubiera firmado o no un documento. Imagino que la policía vendría a nuestra casa y nos leería los derechos. Incluso diría que nos intentarían sacar información si nosotros no quisiéramos darla. Imagino, también, que nos convertiríamos en desechos sociales, y que además, la gente nos daría la espada, con razón, por el acto tan inhumano de vender a un ser vivo, a un humano como nosotros. 

Y si embargo, la justicia no se mide en igualdad para la Iglesia. Los casos de robos de niños apenas han tenido castigos (en España no ha habido nadie en la cárcel por estos casos, ni médico, ni monjas o curas) y tampoco la Iglesia se ha visto menoscabada por los fieles. Todos los católicos siguen defendiendo algo indefendible, y es que, quizá, el miedo a sentirse engañados se convierte en algo demasiado doloroso. 

La impunidad además que goza la Iglesia se extiende a muchos más niveles. Hace poco la ONU pedía al Vaticano que destapara los casos de pederastia, que a base de decirlo en el entorno de la Iglesia, se está convirtiendo algo normal. La justicia además no actúa tampoco contra los Obispos, sacerdotes, y religiosos que abusas de niños y de niñas. Simplemente los retira la Iglesia. ¿Por qué siguen siendo intocables? ¿Tanto miedo tienen los gobiernos de meter a un cura en la cárcel? ¿De quién es la venda, de la Iglesia o de la sociedad? 

Y lo peor, lo que más me revuelve por dentro, es que todo siga igual. Que los padres y madres sigan eligiendo la educación en colegios religiosos como la más adecuada por los hijos, cuando se les llena de inseguridades,  y de culpas, cuando se ceban con el diferente, cuando educan maleducando. Me revuelve que la Iglesia siga teniendo el poder de decidir por los que no somos creyentes, en temas como el del aborto. Y me revuelve también, que la sociedad Española siga siendo tan católica, porque es una señal de que todavía es una sociedad poco avanzada, anclada en el pasado que necesita un dios para seguir viviendo. 

Quizá vengan días mejores, y podamos ver, como ya vemos en algunos países del Norte de Europa, como la Iglesia deja de tener poder, y las catedrales e iglesias se conviertan en Bibliotecas y en lugares, de verdad, para el conocimiento. 

Espero verlo, me gustaría mucho, la verdad, aunque me temo que mi deseo formará parte de la peor ciencia ficción. Una pena, la verdad. 

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