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Viaje a Bélgica. Primera parte

Con el tiempo uno se acostumbra a viajar, o más bien, a los engorrosos trabajos por los que hay que pasar para llegar a la ciudad de destino. Preparar lo que se llevará, sobrevivir al aeropuerto y a sus colas, y a sus más que insoportables controles, y perder el miedo al avión. Con el tiempo, desaparecen los miedos y las inseguridades acerca de la ciudad que se visita; miedos que tienen que ver con el idioma, y que los años te hacen entender que es un miedo secundario, pese a que no en todos lados hablan Inglés. Muchos menos Español. 

Bélgica nos espera al final del camino. Elegimos para empezar el viaje la mitad del puente de la Constitución, aunque volveremos ya acabado el puente, casi al final de la siguiente semana. Dormiremos en Gante, ciudad que no veremos hasta dos días después, ya que Brujas será nuestra primera visita. Durante los días del puente nos encontramos con muchos Españoles, que nos hacen gracia, ya que la mayoría de las veces resultan muy reconocibles. 

Y visitamos Brujas en un día de sol, aunque con frío. El tiempo, ni una sola gota de lluvia, nos acompañará el resto del viaje. Recorremos Brujas como verdaderos turistas, es más, creo que para alguien de fuera es la única manera de recorrer la ciudad. La ciudad está tan enfocada al turismo, que es imposible mirarla con ojos críticos, ya que todo es información, en cada edificio hay que pagar para ver, y la misma mirada se vuelve confusa; muchas de las veces creo que estoy en un parque temático de monumentos, y que todo se ha hecho para la gente de fuera, como si la ciudad no gozara de historia, y nunca hubiera tenido vida. Me es difícil imaginar la vida de verdad de la ciudad, ya que, por lo que parece, está siempre inundada de gente como nosotros. No es la primera vez que tengo la sensación de Ciudad parque Temático. Toledo es un buen ejemplo en España de estos. Quizá el hecho de que sean ciudades pequeñas hacen que el turista sobresalga sobre el habitante real. 

Gante nos espera por la noche, a la hora de dormir, y un compañero de Nacho nos invita a cenar en un sitio muy curioso de la ciudad. Su menú está decorado con motivos religiosos, y los adornos  religiosos del sitio nos hacen contarles a Gus y a Cristina, que eso sería impensable en España.

La Religión Católica y su poder sobre la sociedad, los políticos y todos sus casos de corrupción, las nuevas leyes que quieren imponer sobre los ciudadanos, etc, contadas todas seguidas a un par de extranjeros resultan desoladoras. La impresión al acabar la cena y ser conscientes de lo contando nos da una rara perspectiva de en lo que se estaba convirtiendo España, y en como vamos a vivir un retroceso social que de nuevo, nos va a alejar de Europa. Nos va a separar del mundo. 

Después de pasar dos Dias en Gante, nos movemos a Bruselas. Yo, que arrastro un resfriado desde España, intento sobreponerme de la mejor manera, pero el frío me lo impide. Pese a todo, nos damos una larga vuelta por la ciudad nada más llegar. Bruselas está preciosa adornada con todo tipo de luces navideñas, y en la plaza del Ayuntamiento la iluminación baila al ritmo de OMD. 

No sé por qué me gustan las ciudades grandes. Es defecto personal, pero me gusta pasear por ellas, y entrar en un museo, o en alguna tienda de discos gigante. Me gusta perderme y visitar tiendas originales, que quizá una ciudad pequeña nunca tenga. Además, si la ciudad se acompaña por una arquitectura cuidada, tanto nueva como antigua, me resulta más enriquecedor (sé que es algo personal…Nacho dice que soy demasiado urbanita) 

En Bruselas nos encontramos con una exposición de Nathan Sawaya. Un escultor que realizada sus trabajos con piezas de LEGO y que dota a sus esculturas de una extraña belleza. No hay nada mejor que sorprenderse con lo pequeño para hacerlo grande. 


(Continúa)

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