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Madrid nunca será Madrid

Madrid siempre será Madrid. Pese a que en gran parte ya no sea una ciudad desconocida para mí, pese a no ser el gran monstruo que te asustaba al salir de la adolescencia, y que no te dejaba crecer con la naturalidad que esperabas; los grandes edificios, las calles interminables, largas y a la vez laberínticas, que te asustaban con perderte, con el vacío, con lo desconocido, con el futuro que se quería quedar a vivir en la ciudad, pero que el destino, el azar, la juventud, hizo que se escapara; Madrid y su mundo por conocer, al que había que acostumbrarse o rendirse. 

Madrid era incontrolable, para mí que empezaba a mirar de verdad el mundo, y quizá esa pérdida de control hacía imposible un disfrute que Madrid siempre tuvo. Esa ciudad que se hace distinta para cada habitante, y al mismo tiempo, es siempre la misma. 

Y es cuando la rendición llega, cuando ya no hay más oportunidades para luchar contra la ciudad, cuando la ciudad se rinde, cuando tú te rindes, y puedes disfrutar de ella tanto como si vivieras allí; y ya las calles con los años tienen nombre, y distancia justa; los edificios ya no asustan ni marean, y la gente, no es más que gente, amable y cariñosa, u hostil y antipática. Y Madrid sigue siendo un monstruo, pero ya no asusta. 

Y sin embargo, te da la impresión de que Madrid ya no es Madrid. No es el Madrid del que todos hablaban, el Madrid de la oportunidad, el Madrid donde si quieres ser algo, si quieres hacer con tu vida lo que uno elige, tienes que venir. Madrid ya no es ese Madrid. Ya no te absorbe la vorágine de conciertos y de obras de teatro, de cine en versión original, de espectáculos y exposiciones, quizá porque Madrid se ha unido a Berlín, y a Londres, a Barcelona, a ciudades que visitas y que ofrecen lo que antes sólo te ofrecía Madrid, y que ahora ya no te sorprenden tanto. Aunque siempre lo necesitas, Madrid ya no es para ti Madrid. Ya no es la ciudad a la que venir para ser algo diferente de lo que se es, o para encontrar la parte de ti que se tiene que abrir para serlo. Por momentos incluso piensas en el tiempo que hay que perder en Madrid para hacer algo que en Granada se tarda más bien poco. Las distancias que antes daban peso a la ciudad, ahora se convierten en inconvenientes; y descubres, ya lo sabías hace muchos años, que las ciudades son la gente que habita tu mundo, y que tu verdadera ciudad se encuentra en tus amigos. En tu pareja. En una casa que incluso puede estar a las afueras. 

Visito Madrid como si fuera un sueño pesado, largo, convertido en pesadilla. La ciudad está llena de basura, y su cenit es el viernes por la mañana, cuando además se ha levantado un fuerte viento que hace que bolsas, papeles, y comida, vuelen a sus anchas durante un tiempo que aunque se sabe que será finito, ahora adorna la ciudad con indecencia, y hace que pierda por momentos su dignidad. 

Y es que a Madrid parece que todo el mundo quiere quitarle su dignidad. Los políticos en los últimos años se han empeñado en afearla, y en convertirla en el Madrid que ellos desearían habitar; se han olvidado que Madrid es una ciudad libre, y de todos, y que por eso hay que dejarla crecer como ella misma quiera. 

Todos los políticos parecen empeñados en que Madrid, que es una ciudad de ocio para todos aquellos que la visitamos de vez en cuando, se convierta en una ciudad triste y sin vida. Esa marca España que con la que tanto se les llena la boca a los políticos es en Madrid la del ocio, no sólo de los Museos, sino de los bares y de los pubs, de las discotecas y conciertos que entre Esperanza Aguirre y Ana Botella se han cargado casi por completo. Normativas absurdas no permiten apenas escuchar la música en los pubs, y los aforos se han limitado tanto que da la sensación que los lugares están vacíos. Además, como en el resto de España, se ha limitado la hora de cierre para algunos pubs; es como un complot a nivel nacional para que todos nos acostemos temprano (a lo mejor quieren fomentar el que vayamos a misa) 

Siempre dictando normas que los benefician a ellos (que en la vida han sabido disfrutar del ocio) y poniendo como excusa a los ciudadanos callados que tienen que descansar. Todos somos ciudadanos, y todos vivimos, eso también deberían tenerlo en cuenta. 

Sin duda, es una gran equivocación. Madrid es Madrid entre otras cosas por la marcha, por la vida nocturna que sigue siendo muy divertida, y que pese a las restricciones también se va reintentado. Proliferan los afters y las casas particulares con listas en la puerta, que hacen del underground un sitio estupendo donde disfrutar. Aún así, echo de menos la libertad que se respira en Lisboa, ciudad que vive con naturalidad la vida nocturna y en donde se puede tomar una copa dentro de los recintos o fuera, sin molestar a nadie, o a casi nadie,. También Berlín es una ciudad donde se respira esa libertad, aunque allí los horarios están marcados de manera diferente. 

Y sin embargo, Madrid siempre será Madrid, pese a los políticos y gracias a la gente, que sabe reinventarse y reinventarla con cada normativa absurda. Y Madrid, seguramente, también cambiará cuando vuelva, porque al contrario de otras ciudades, en Madrid siempre pasan cosas, buenas, malas, regulares, especiales. 

Madrid nunca será Madrid. O siempre será algo que nadie espera que sea. 



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