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Los espejos de la maldad


Haceros a la idea de que hemos tapiado puertas y ventanas
Desde hace varios meses me embarco con el grupo de Teatro de Pulianas en la representación de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, más bien en su montaje, puesto que no la representaremos hasta Octubre. (Va quedando menos)

Intento mirar el texto con paciencia, también consciente de las limitaciones, y salvando en lo posible un montaje que, lo mires por donde lo mires, nunca podrá ser del todo original.

Representar a García Lorca en Granada es la cosa más común que se puede hacer siendo un grupo de Teatro aficionado, así que, entro de lleno en una costumbre o tópico, cuando yo por lo general intento huir de ellos. (Pero a veces resulta difícil, y hay que tirar de los mismos)

La situación del momento me empuja a hacerlo: primero, porque a Lorca en Granada se le odia y se le quiere a partes iguales, tanto por profesionales, como por los espectadores, o por los Granadinos, y me parece interesante que alguien de fuera se acerque a la obra, con actrices locales, eso sí. (actrices que en muchos de los casos están integradas en un mundo que no les es ajeno, y que por momentos funciona a la perfección)

Segundo, con los años me quedo con un grupo muy numeroso de actrices, (cero actores) así que, parece que la obra nos buscaba a nosotros. O simplemente era el momento. O sencillamente me ha apetecido (hablo en singular, porque en Granada también están un poco hartos de tanto Lorca, y tengo que romper una lanza para montar al autor)

No os tengo ley a ninguna.
No soy muy fanático del teatro de Lorca: por una parte pienso que está algo sobrevalorado, y sin embargo también pienso que tiene algunos textos estupendos como este de Bernarda Alba, y alguna cosa interesante como El público. También creo que su poesía tiene momentos memorables.  

Y soy fiel al texto, aunque claro está, hay una propuesta en el montaje, y en la actuación: dejo mucha libertad ya que, la naturalidad alimenta el drama.

Montamos y montamos la obra, y repetimos y repetimos y repetimos hasta que el texto va quedándose en las actrices y creando personajes, perdiéndose en la piel y abandonando su lugar en el difícil momento de memorizar e integrar.

Y de repente, el azar me da un respiro en el montaje y voy a ver una adaptación de Bernarda Alba.

Bernarda por esto, Bernarda por aquello
En realidad voy muy ilusionado, porque el montaje tiene muy buena pinta. Además los han nominado para un Max, y teniendo en cuenta lo cerrado que es el mundo Catalán y Madrileño para el teatro, siempre creo que las compañías que triunfan en Madrid tienen que tener algo interesante, al menos, algo más. (en éste caso son de Murcia, Alquibra Teatro)

Me gusta lo que veo. La iluminación es cuidada, y original y el montaje se presenta interesante. La Poncia empieza a hablar, y me chirría algo, ya que para la creación del personaje han usado una máscara que no creo que sea la adecuada. Demasiado burda, demasiado basta para un personaje que tiene que entroncar y adaptarse a esa difícil casa de Bernada: la Poncia camina sola, y eso, no le sienta bien al texto. La Poncia es también testigo y parte de la casa, y de lo que allí pasa, culpable también del drama que se vive, pese a sus intentos por evitarlo.

Quizá es, lo sé, que tengo el texto muy presente y que yo también estoy dando mi visión del mismo, pero no me gusta como transcurre el montaje. Se olvidan de la maldad, tan importante en todo el texto de Lorca; no sólo la de Bernarda, sino la de sus hijas, a las que el teatro Español las ha dulcificado convirtiéndolas en víctimas de una madre que las encierra en su casa. Las hijas son Bernardas en potencia, y han sido educadas como ella, y simplemente el texto explota porque hay una confrontación entre ellas, una lucha de poder entre tanta maldad.

!Es que son malas! - No, son sólo mujeres sin varón.  
Quizá el texto de Lorca, de tanto repetirlo, de tanto verlo, ha acabado convirtiéndose en otro texto totalmente diferente, y el presente se implica demasiado en un montaje que debería ser atemporal, y universal.

Es un hecho que la maldad existe y de que hay gente que vive a sus anchas y muy agusto en ella. Sin embargo, la  maldad tiene más recovecos; puede que resulte mucho más interesante la maldad momentánea, aquella que se realiza por gente que no es sospechosa de maldad, pero que sin embargo, alguna que otra vez han hecho uso de la misma. O puede que como en el caso de la obra de Lorca, la maldad sea momentánea y se cure con un hombre para esas niñas que están a punto de convertirse en mujeres incapaces de tener hijos, tan importante para la época.

!Traed la escopeta!
El mejor ejemplo para ejemplificar la maldad "aprendida" es la estupenda, y ya casi acabada, Breaking Bad. En Breaking Bad, en principio, todos los personajes son buenos. Desde el protagonista, su mujer, el chico, etc. Todos comienzan sus recorridos, y sus vidas en un entorno de normalidad, (o anormalidad) donde puede hacerse un uso de la moral personal sin ninguna consecuencia. Lo interesante es como la serie, y las tramas, van colocándoles en un lugar que no esperaban, y allí, eligen un camino, bueno, o malo, que los llevará a posicionarse, y lo más interesante, que hará lo mismo con el espectador, que tendrá que tomar partido y decidir también donde mirar, en la bondad, o en la maldad, o en el límite que muchas de las veces propone la serie.  

Lo mejor de la serie es que no tiene miedo a contar, y a trasformar la vida y con ello, crear una nueva realidad donde los juicios sean posibles. Parece que, en los tiempos que corren, el contar o crear personajes malvados tiene que estar lleno de estereotipos.

Que nadie llore. Mi hija ha muerto virgen.
Todos tenemos a nuestros alrededor personas que hacen maldades, y que sin embargo, no juzgaríamos como malvadas; simplemente no muestran el conjunto, o las caras que necesitamos para crear  una realidad más amplia. Puede que por eso las series estén siendo tan buen lugar para los personajes, porque las realidades son muchas, y se crean grandes espejos donde verlo todo reflejado. Mosaicos creadores de grandes verdades.

Yo seguiré todavía unas semanas montando mi Bernarda, y creando personajes a través de las pasiones que el autor propone, e intentando, en lo posible, salirme de los tópicos y perder el miedo a contar, perder el miedo a que mi visión sea la más adecuada para el momento, y se aleje de los tópicos que integramos sin querer,  y que no nos ayudan a avanzar, y a crear. En definitiva, a vivir.


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