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Irlanda en iniciales.

Uno nunca sabe qué le deparará el viaje. Por muchos planes que se hagan, por mucho que se coordine y se creen futuros, el viaje es imprevisible y siempre se guarda un as para sorprender, para hacerte pensar que la vida sí puede estar llena de sorpresas, aunque esas sorpresas vengan de sitios inesperados, y sin embargo, agradables. 

Irlanda nunca había estado entre mis viajes soñados, pero la he visitado casi una semana. Siempre que viajo, o por lo menos intento hacerlo, una parte de mí se vuelve analista de la realidad del país visitado, y más allá de ver monumentos, calles, a la misma gente, la visión final que encuentro, o que encontramos los que viajamos, es un collage la mayoría de las veces sesgado, ya que el turista tiene casi siempre que asumir el engorro de ser eso, un turista en un país extranjero preparado para ser visitado. 

Paso casi todo el tiempo en Galway. A mitad de viaje algo me sienta mal (que ni que hubiera ido a la India) y pierdo casi dos días intentando recuperarme. Mi proyecto de viajar a Dublín en soledad se desvanece porque no me encuentro con fuerzas. 

Paseo Galway con “J”, que al igual que yo, es un viajante circunstancial de la ciudad. No sé si hubiera tenido otro momento con J en el mismo viaje si no fuera porque nos encontramos ambos solos en la rutina de un Hotel (lost in traslation). J es amigable, y tiene conversación; durante los días que ambos visitamos no paramos de hablar en varias horas. Luego descubro que J habla poco con otras personas, así que la conversación con él se torna en una pequeña amistad. Conozco a su mujer, con la que hablo de literatura, y a su hijo, recién cumplidos los dieciocho resulta una esperanza para este futuro tan poco amigable que nos espera. 

Galway como ciudad no me impresiona. Es una ciudad paseable, como todas las ciudades Irlandesas, llena de parques y de ríos, y con un aire antiguo que es impostado, ya que la parte Medieval de la ciudad está destruida, y todo es nuevo y poco interesante. 

M.T. habla un castellano perfecto. Cada palabra tiene su entonación, y aunque no habla lento, la dicción requiere un esfuerzo que ella enfatiza con el mayor de los placeres. Sin saber por qué, casi de la nada, M.T y yo nos caemos bien en una cena en la Universidad de Galway. Hablamos de cine, de radio, de literatura, de arte, en una de esas charlas perfectas que no esperas encontrar en un sitio como ese, pero que sin embargo te alegran el día. Uno siempre recomienda lo que le hace feliz a la gente que quiere, y yo recomiendo a M.T. los libros de Jhumpa Lahiri, y escribo mal en su Ipad Tierra desacostumbrada. Ese libro tan perfecto de vidas imperfectas. 

La comida no arregla lo de Irlanda. No entiendo cómo un país puede tener comida tan mala y además no hacer nada por arreglarlo. Demasiado bien están en Irlanda. No quiero ni pensar ir a Estados Unidos donde todo al parecer es mucho peor, y además más grande. 

M fuma ducados y además sé perfectamente que los fuma antes de conocerla. Con M, si la relación fuera más allá, sería una buena amistad. No hablaríamos de libros, ni de películas, ni de música, pero me acogería en su casa, y me cuidaría como una madre. Como una madre que fuma ducados y que tiene la voz cascada de tanta vida por detrás. 

Me recupero de me indigestión a duras penas. Pensando que no volveré a comer nada en varios días, por lo menos comida Irlandesa. Rompo mi promesa y vuelvo a pecar. El que ha nacido gordopilo, se morirá gordopilo. 

C es una de esas personas complejas que no quieres tener cerca de ti. Aunque a ratos me hace gracia, reúne los tópicos de las personas que se aprovechan de los cargos políticos y se apoltronan en ellos inconscientes de que la situación ha cambiado, de que estamos en un país en donde ya no se puede gastar dinero y en donde esos cargos son las primeras cosas en las que habría habido que recortar. Pero C es ajena a la crítica, vive al día, y cuando ese día acabe, seguramente encontrará otro donde asentarse a su gusto. Mirando a C comprendes cómo hemos podido llegar a la situación en la que nos encontramos, y sin embargo, nadie le puede llevar la contraria. 

Volvemos a España y me siento decepcionado con Irlanda, quizá Dublin me hubiera quitado la espina, pero una excursión a los Cliffs organizada me rompe mis planes de conocer la ciudad. Una visita en el autobús que va al aeropuerto es lo único que veo. Quizá haya otro momento para Dublin. Por ahora es lo que ha habido. 

Acabo don D, a la que veo todo el tiempo pero con la cual no hablo hasta el final del viaje. A D todo el mundo la admira o la teme. Es la jefa de todos. Es guapa, y se maneja como pez en el agua en cada una de las situaciones. Casi sin querer nos sorprendemos fans de Boyero, y coincidimos en que algunas de sus críticas son muy acertadas, y en que nos ha descubierto alguna que otra joya cinematográfica. Le cuento que a Boyero le gusta mucho Jhupa Lahiri, y claro está, le recomiendo los libros. Al fin y al cabo, qué mejor hay para viajar que descubrir un país a través de un buen libro. No hay mejor Cicerone que un buen escritor. A lo mejor debería leer a alguno Irlandés. Recuerdo que lo intenté con Joyce y no resultó. A lo mejor es que el País no es para mí, al igual que no son sus escritores...en fin. Siempre me quedará Samuel Beckett...aunque sea medio francés. Siempre me quedará el consuelo de la gente que he conocido en Irlanda... empezando por sus iniciales. 



Comentarios

Capitán Alatriste ha dicho que…
Lee Trinidad, de Leon Uris
Lee a Sean O'Casey, y a Joyce y a Beckett, por supuesto. Y, aunque renegara de su patria, estudio en el Trinity, así que lee también a Wilde. En este caso ENTERO. El año que estuve en Irlanda me leí toda su obra.
amador aranda ha dicho que…
A wilde lo leí de adolescente y me gusto mucho. Quizá tenga que volver otra vez a algunas de sus obras. A Beckett lo idolatro. Esperando a godot me gusta mucho. A los demás, pues tendré q darles su espacio. A joyce le he pillado manía, pero cogeré otro que no sea Ulises. Gracias!!!

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