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Continuando con la polémica.


Es curioso comprobar como una entrada escrita hace años en mi blog se vuelve una de las más leídas. La entrada, llamada “Javier Marías vs Muñoz Molina” la usaba para hablar sobre los escritores que desde hace mucho tiempo son mis favoritos en lengua española. Y claro está que las nuevas visitas a mi blog no tenían nada que ver con el contenido de la entrada, sino por una reciente polémica en la columna de Javier Marías en el El País Semanal en la que criticaba a Muñoz Molina por no incluirlo entre las personas que habían denunciado los abusos en los tiempos de burbuja, y bonanza, y derroches en  España. 

No tenía ni idea en el momento en que leía la columna de Marías de qué estaba hablando y mucho menos en qué momento Muñoz Molina había hablado de algo así. Lo descubro ahora al leer el libro “Todo lo que era sólido” en el que me encuentro con las palabras del Ubetense, y le quito aún más la razón a Javier Marías por un desplante que, sinceramente, no venía a cuento. 

Creí, y creí mal, que no me iba a encontrar ya con ningún libro de Muñoz Molina que me interesara. La prosa de su última novela, La noche de los tiempos, me pareció enrevesada y la historia no llegó a engancharme en ningún momento haciendo lo peor que se puede hacer con un escritor al que admiras: dejar el libro aparcado sin llegar a la mitad. Sin embargo, el Muñoz Molina articulista cada vez me interesa más, y al descubrir que Todo lo que era sólido son artículos, me adentro de nuevo en su lectura, y me dejo llevar por unas palabras, y por unas reflexiones sobre cómo hemos llegado a la situación actual, que me parecen inteligente y acertadas, quizá las más certeras que he leído y escuchado en todo lo que llevamos de crisis. (y eso que ya llevo algún que otro ensayo leído, y me he tragado más de un programa de televisión y radio que dan siempre vuelta sobre las mismas ideas, sin llegar nunca a nada, en un tornado de palabras sin contenido) 

Muñoz Molina se adentra con inteligencia en la historia reciente del mundo que ha “empezado” la crisis; en esas empresas que nos resultan todavía desconocidas y que nos llevaron al desastres, y poco a poco, como capas de cebolla especulativa, las hojas se van desflorando para entrar de lleno en la médula de un problema que puede que empezara mucho antes de lo que pensamos. La sociedad Española falla: los gobernantes, los ciudadanos, los políticos y las instituciones son analizados con sentido común y son el resultado, quizá, de un problema que arrastramos desde antes de la guerra. En uno de los últimos capítulos del ensayo Muñoz Molina habla de que tanto la derecha como la izquierda en el país, las dos de las muchas Españas, tienen que entenderse porque comparten mucho más de lo que creen. Condenados a entendernos, quizá la palabra condena tenga demasiado peso y el futuro no lo adelgace. 

Hoy, Javier Marías sigue con su polémica en la columna del País semanal. No me interesa. Si a Muñoz Molina le he perdido un poco el gusto para las novelas, a Marías se lo he perdido en los artículos de opinión, ya que donde Muñoz Molina resulta iluminado, Marías cada vez está más perdido, dando a veces palos de ciego en una oscuridad que él mismo parece que se va buscando con su manera y sus formas de habitar en éste mundo. 

Recomiendo encarecidamente Todo lo que era sólido. Quizá para que alguien se pueda reconciliar con Muñoz Molina, o simplemente, para leer un ensayo maduro, profundo, y con la mayor de las inteligencias; las respuestas que se necesitan, pero que nadie llevará a cabo. Es el orden de los días. La España que no cambiará. 

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