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Mostrando entradas de mayo, 2013

Irlanda en iniciales.

Uno nunca sabe qué le deparará el viaje. Por muchos planes que se hagan, por mucho que se coordine y se creen futuros, el viaje es imprevisible y siempre se guarda un as para sorprender, para hacerte pensar que la vida sí puede estar llena de sorpresas, aunque esas sorpresas vengan de sitios inesperados, y sin embargo, agradables. 
Irlanda nunca había estado entre mis viajes soñados, pero la he visitado casi una semana. Siempre que viajo, o por lo menos intento hacerlo, una parte de mí se vuelve analista de la realidad del país visitado, y más allá de ver monumentos, calles, a la misma gente, la visión final que encuentro, o que encontramos los que viajamos, es un collage la mayoría de las veces sesgado, ya que el turista tiene casi siempre que asumir el engorro de ser eso, un turista en un país extranjero preparado para ser visitado. 
Paso casi todo el tiempo en Galway. A mitad de viaje algo me sienta mal (que ni que hubiera ido a la India) y pierdo casi dos días intentando recuperarme…

Continuando con la polémica.

Es curioso comprobar como una entrada escrita hace años en mi blog se vuelve una de las más leídas. La entrada, llamada “Javier Marías vs Muñoz Molina” la usaba para hablar sobre los escritores que desde hace mucho tiempo son mis favoritos en lengua española. Y claro está que las nuevas visitas a mi blog no tenían nada que ver con el contenido de la entrada, sino por una reciente polémica en la columna de Javier Marías en el El País Semanal en la que criticaba a Muñoz Molina por no incluirlo entre las personas que habían denunciado los abusos en los tiempos de burbuja, y bonanza, y derroches en  España. 
No tenía ni idea en el momento en que leía la columna de Marías de qué estaba hablando y mucho menos en qué momento Muñoz Molina había hablado de algo así. Lo descubro ahora al leer el libro “Todo lo que era sólido” en el que me encuentro con las palabras del Ubetense, y le quito aún más la razón a Javier Marías por un desplante que, sinceramente, no venía a cuento. 
Creí, y creí mal, q…

La mala suerte.

De repente, el guardabarros de un camión, o de algún coche que no vi se abalanzó sobre mi coche y pasó, por desgracia o afortunadamente, debajo de las ruedas del mismo. No pasó nada en principio, o eso creí, sin embargo desde ese día la mala suerte ha empezado a acompañarme. Juicios, enfermedades, y golpes extraños del destino que espero que pronto acaben, pero que con los días, se convierte en un circulo vicioso sin sentido del que parece que no habrá salida. 
Pero todo acaba siempre, lo sé, por mucho que la salida se vea lejana. 
La mala suerte, y la buena siempre han existido. Y todos hemos pasado buenas rachas en la vida y malas, siendo las segundas las que más nos afectan pese a ser las primeras las que siempre pedimos. La mala suerte se alimenta de inseguridades, y de negatividad, y eso la hace ser más dura, y más compleja, y dolorosa si se quiere. 
Si creyera en alguna religión seguramente podría refugiarme en ella, o rezar al dios de turno de la misma, pero la elección vital de n…