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Madrid: primer asalto.


En el horizonte de cualquiera que se dedica al teatro, al cine, al arte, siempre está Madrid. Madrid, o Londres, o París, o cualquier capital de país que sea un referente para los artistas, un sitio donde llegar para aprender, enseñar, para crecer, para vivir. 

Llegamos con nuestro Menú del día ilusionados. Cansados también porque las últimas semanas son más movidas de la cuenta, aunque también más confiados al comprobar que la obra funciona muy bien; es cierto también que la obra puede tener su público: en Sevilla funciona tan bien que nos cegamos con el éxito, momentáneamente. 

Madrid son muchos Madrid. Madrid, como todas las sociedades, lo hace la gente, y es la gente la que da vida a las ciudades, que a lo largo del mundo son diferentes. Yo que aún conozco pocas ciudades, me gusta comprobar como la energía de la gente dibuja la ciudad, o como las sociedades se van creando a través de las calles, de los edificios, o de la comida. 

Nuestra llegada a la sala no es como esperábamos. Nos parece algo pequeña, y nos decepciona. Después de actuar en teatros grandes donde la obra se luce y toma sentido, el espacio que es pequeño es un impedimento para que los espectadores vean un trabajo en el que confiamos, además de ser también un handicap tanto para las actrices, como para mi, que también tengo que adaptar luces. Decidimos también que la escenografía mermará. No hay otra salida, el menú sigue, y aunque sabemos que el espectador no notará las diferencias, nos ponemos nerviosos con los cambios. 

Madrid es la gente de Madrid. La gente que ha nacido allí, y que por lo general es amable y discreta. Como bien dice Marías, los madrileños no tiene ese acento que las malas películas de los cincuenta y sesenta le atribuyen, ya que la voz de los madrileños y madrileñas es bastante difícil de imitar, siendo por momentos algo nasal en los hombres, y algo más gutural en las mujeres. No soy un experto, desde luego. Madrid es también algunos amigos que nos reciben, y otros que siempre están cerca. 

Pasado el mal rato de la sala nuestro Menú arranca. Es agradable ver pasar los tres días que actuamos a algunos amigos y conocidos que te felicitan con mucho cariño y que nos alegra ver. Es agradable hablar y retomar la vida de vez en cuando con la gente que te quiere, y si es con una cerveza o con una comida, pues mejor. Como ya sabíamos, la obra iría sobre ruedas, y por ahí, no hay mucho más que contar. Rosana cada día está mejor en la escena, confiada y segura, actriz, y Piedad como siempre es graciosa y profesional, y en los días está radiante. Y es un gusto verlas a las dos actuar. 

Madrid también es la gente que viene de fuera. Pero hay muchas diferencias en éste grupo. Los hay que viven Madrid como si vivieran en sus ciudades de origen. Hablan como cuando salieron de sus pueblos, con esos acentos que en Madrid se difuminan lamentablemente, adaptándolos a un sonido falso que no es Madrileño, pero que finge serlo. Los madrileños que son  de sus pueblos te reciben con cariño, y te dan besos y abrazos porque te dicen que hay que darse besos y abrazarse mucho ya que es gratis. Y luego, cuando te vas, te despiden con cariño y te desean la mayor de las suertes. 

El menú de Madrid se acaba,  pero no llega la sensación de cierre, como si la obra no hubiera acabado aún su recorrido en la ciudad. Nos faltan días, semanas, para que el público se contamine, y venga a vernos. Pero la realidad es que todavía somos una compañía pequeña, y los días, nos obligan a volver donde la realidad también será bien recibida, y donde los proyectos vuelvan a sentarse en una mesa de ideas, y de futuros. 

Madrid también son la gente que no es de Madrid. Y como digo, se dividen en dos. No he sabido ponerle nombre a esta gente, pero no me gustan. Hay una superficie que no me creo. Además, me río para mí al comprobar que cambian la voz para adaptarse a un Madrid que creen que no los recibe. Ellos sí que te reciben, pero también te señalan cual es tu lugar, te dicen donde tienes que estar y el tiempo que tienes que esperar para que te llegue el momento oportuno para el éxito, para el respeto, quizá para que te puedas cambiar el acento. En la impostura de la voz, lamentablemente, también se suman otras imposturas, difíciles de asimilar, difíciles de pensar, difíciles de eliminar. 

Madrid son muchos Madrid. Un Madrid cariñoso, amable, también cruel. Quizá Madrid es como la vida, pero ahí, cada uno decide cómo vivirla. No hay nadie que nos marque el camino de la misma. 

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