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Arquitecturas del engaño


Imagino que en los días no hay nada bueno que contar más que una actualidad tramposa y oscura que lo inunda todo, y hace que veamos la vida a ratos con tristeza, a ratos, según a quién le toque y cómo le toque vivirla, también con esperanza, y claro está, en mucho casos con desamparado y desesperación. 

Y lo peor, salgamos o no salgamos del pozo de incertidumbres, es que nuestra sociedad está cambiando; damos pasos atrás, además de hacerlo de manera pausada, a golpe de shock traumático que nos anestesia. Ha cambiado la sanidad, la educación, la cultura que se menosprecia, y sin embargo, hay otros cambios, quizá menos evidentes, que hacen de nuestra sociedad un sitio peor donde vivir, perdiendo derechos fundamentales a base de zancadillas legales y arquitecturas del engaño. 

Un incidente al ir al banco a sacar algo de efectivo me tiene muy preocupado. No sólo por el hecho mismo, que ahora contaré, sino por la impunidad con que actúan los bancos y con el hecho de que si tuviera que demandar, además, sería un error mío. 

Como digo he ido al banco a sacar algo de dinero en efectivo. Al introducir la tarjeta en lugar de salir como siempre la pantalla de ¿cuanto dinero desea retirar? ha salido otra a la que no estaba acostumbrado. Con la prisa, apenas la he leído, creyendo y acostumbrado a que en la Caixa pongan publicidad de sus productos. Leo por encima algo de préstamo de 6000 euros, pero no le hago caso y pulso continuar. Me pasa a una página para introducir el código de la tarjeta, cosa que nunca me pide, pero no me doy cuenta hasta que he introducido el código de que en realidad lo que estoy pidiendo es el préstamo de 6000, sin ningún trámite, y sin ninguna firma, y por supuesto, sin ningún tipo de advertencia de que se está pidiendo una cantidad mayor de lo normal. Doy a cancelar el proceso, pero ya no sé si he solicitado o no el crédito. Me devuelve a la pantalla de sacar dinero y saco con miedo la tarjeta para ver si verifica algo. No lo hace, pero me preocupo. 

¿Y si saco el crédito? Al reembolsarlo me cobrarían ya intereses del préstamo sólo por haberlo pedido, que no quiero pensar a cuanto ascenderían. Pero, y cómo se actúa con éste tipo de impunidad sabiendo que es un error que seguramente cometerá mucha gente acostumbrada como yo a darle a la flecha de continuar. 

Arquitecturas del timo y el engaño.

Los bancos, las eléctricas, las telefónicas, en definitiva, las grandes empresas han aprendido en estos días que si quieren tener dinero tiene que ser a base de engaños a los  usuarios que están indefensos ante los abusos, y que además, saben que las demandas en el caso de que las hubiera estarían perdidas. La corrupción se extiende tan rápido, que los ciudadanos ya se rinden, incapaces de saber qué tienen que hacer para solucionar un problema que les viene grande. David contra Goliath, un Goliath que en lugar de ser grande y fuerte, tiene a su servicio abogados a los que tiene que dar trabajo, y a los que no les importa engañar. 

Y lo peor, es que será la tónica de los días, ya que parece que los que nos tienen que defender en la sociedad como ciudadanos están demasiado ocupados en corrupciones varias,  y en sacar a un país de una crisis económica. Quizá la crisis mayor no sea esta, sino una crisis de la democracia, una crisis como país que afecta sobretodo a los ciudadanos sin grandes fortunas, a los que viven por el simple hecho de vivir, no con el afán de ser millonarios a cualquier costa. 

Quedo a la espera de mi préstamo fantasma y cruzo los dedos porque el error se quede en eso, en un error donde el mayor fallo no es leer la letra pequeña, es que ni siquiera existe la misma. 

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