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Mostrando entradas de febrero, 2013

Arquitecturas del engaño

Imagino que en los días no hay nada bueno que contar más que una actualidad tramposa y oscura que lo inunda todo, y hace que veamos la vida a ratos con tristeza, a ratos, según a quién le toque y cómo le toque vivirla, también con esperanza, y claro está, en mucho casos con desamparado y desesperación. 
Y lo peor, salgamos o no salgamos del pozo de incertidumbres, es que nuestra sociedad está cambiando; damos pasos atrás, además de hacerlo de manera pausada, a golpe de shock traumático que nos anestesia. Ha cambiado la sanidad, la educación, la cultura que se menosprecia, y sin embargo, hay otros cambios, quizá menos evidentes, que hacen de nuestra sociedad un sitio peor donde vivir, perdiendo derechos fundamentales a base de zancadillas legales y arquitecturas del engaño. 
Un incidente al ir al banco a sacar algo de efectivo me tiene muy preocupado. No sólo por el hecho mismo, que ahora contaré, sino por la impunidad con que actúan los bancos y con el hecho de que si tuviera que demand…

Lisboa Tercer asalto (segunda parte y k.o.)

Imagino que es normal sentirse nervioso el día de un estreno, por muchas veces que se haya subido uno a un escenario, o en mi caso, esté detrás dirigiendo. Y sí, los nervios son buenos porque dan significado al trabajo realizado, y esos nervios son los mejores amigos de, seguramente, un trabajo bien hecho. O quizá, son simplemente, nervios. 
Rosana y Piedad entran a escena con la música de Bizet sonando. Alegres y contentas. Es verdad que durante la semana de trabajo anterior a nuestro estreno portugues la obra ha abierto caminos y tanto Rosana como Piedad han crecido en sus personajes y también como actrices. 
Y la obra funciona o mejor dicho, sigue funcionando porque el público se ríe cuando se tiene que reír y llora cuando tiene que llorar, y sobretodo, se le pasa la representación volando, cosa que agradecemos que nos digan, porque quiere decir que el ritmo se ha conseguido. 
Viva Martos dice alguien entre el público antes de que con unas palabras Piedad nos haga soltar una lágrima.