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...a falta de pensar mejor.

No se me ocurre nada qué escribir. Lo malo es que ya he escrito más de una vez alguna entrada de no sé qué escribir, esos artículos que la mayoría de los escritores, (no digo que yo lo sea) han escrito en algún periódico cuando una semana no sabían de lo que escribir, y que además resultan muy imaginativos y divertidos, casi mejores que los artículos que se toman en serio para arreglar el mundo.

Así que, a falta de pensar mejor, tiro de hemeroteca cultural reciente y me saco de la manga "lo que viene siendo" mi vida a través de los libros que leo. O de las películas. O de la música. O del teatro. A lo mejor llevaba razón una persona cuando me dijo que no tenía vida y que vivía a través de la cultura. Desde luego, es por ahora una de las mejores formas de vivir la vida que conozco, y desafortunadamente, no vivo en ella lo suficiente.

Leo "Ciudad Abierta" de Tejú Colé, libro que escucho que está bien, y que mi amiga Inma se encarga de regalarme como regalo de cumpleaños atrasado. Ciudad abierta es un libro complicado, y no en el mejor sentido de la palabra. Tiene un arranque estupendo, y un primer capítulo que te hace pensar que lo que leerás será maravilloso. Un paseo por la ciudad de Nueva York donde el protagonista, que es el mismo autor, recorre las calles en su quehacer diario; visita a amigos, va de compras, incluso se para a mirar la maratón que ocurre en el momento en que él sale a la calle. Como ya digo, un arranque espectacular, que al segundo capítulo se desarma. Y ahí está la complejidad del libro, en que tiene momentos memorables, pero algunos capítulos son algo aburridos y prescindibles, pese a que la vida del protagonista es muy interesante, y lo lleva a confraternizar con gente de lo más diversa e interesante.

A modo de imitar a Tejú Colé, y a su primer capítulo, mi vida sería de lo más aburrida, así que mejor vivirla en la cultura. Mi levantar llega con una pregunta metódica ¿Desayuno tortilla o no? (en realidad, la respuesta me la contesto yo mismo: si voy a rendir en el gimnasio sí, y si no, no) Y después voy al Gimnasio, que me sigue pareciendo a ratos el lugar más inhóspito del mundo. En la vida que he vivido fuera de la cultura he conocido a la gente de lo más variopinta; gente interesante con ganas de compartir, algún pedante, algún farsante, algún genio, y claro está, algún o algunos amigos, que no me ha costado mucho hacer, y que tampoco me cuesta, afortunadamente, mantener. Pues en el gimnasio he encontrado (ahora está cambiando) la gente menos gente del universo. Las personas que, queriendo ser miradas y admiradas (imagino que tantas horas haciendo pesas serán para eso) a la hora de hablar resultan inhóspitas, siendo el adjetivo de lo más generoso. Empiezo hace una semanas a conocer por fin a gente con la que hablar, a gente de lo más normal...afortunadamente también las había.

Veo Canino, porque me la recomienda Antonio y a mí, la verdad es que se me pasa cuando la estrenan. Canino es un experimento curioso, que no se queda en experimento, sino que tiene la pretensión de contar. Con un estilo visual muy efectivo, Canino intenta provoca preguntas en el espectador sin apenas dar respuesta a ninguna. No cuento la trama, porque quizá es lo más interesante de la misma, aunque sí advierto que la película puede ser un plato de difícil digestión, y que alguna imagen puede revolver el estómago. A mí me dejó algo tocado unos cuantos minutos.

Y Escucho quizá más música que nunca, en ese gimnasio al que voy por las mañanas, y que además fomenta la escucha masiva, tanto, que contrato el premium de Spotify. Y sin embargo, creo que el año ha sido uno de lo más flojos, y que realmente no ha habido ningún disco notable, una obra de arte que suele haber casi todos los años. Sigo pensando que Bloom, de Beach House es lo mejor, y quizá también el de los Grizzly Bear. Alt-J, que escucho porque veo que han ganado el Mercury, no me disgustan aunque tampoco es un disco perfecto. En Español la cosa no anda mejor en los últimos meses. No está mal el de la Bienquerida, pero tampoco es perfecto. Y lo peor, es que me doy cuenta que desde el South Pop no he ido a ningún concierto, y que el panorama parece desolador. ¿Será la crisis que ya afecta a los conciertos, o a los promotores de los mismos? Me temo que algo hay, y que nada va a cambiar en los próximo meses. Lástima.

Y acabo con las series, a las que definitivamente, tengo que volver. O yo he dejado en el camino muchas, o no he sabido engancharme a ninguna nueva, porque estando en plena temporada invernal, que es cuando más series hay, sólo veo dos a la semana. Homeland y Modern Family (también the new normal, pero la veo de manera desordenada) No tengo queja con las dos que veo; Homeland en su segunda temporada ha dado un salto mortal y ha girado en sí misma arriesgando hasta el límite de la veracidad, y Modern Family sigue siendo una de las mejores comedias que se han hecho para la pequeña pantalla. 

Así que esta semana, o estas semanas he vivido en la cultura. En el fondo, ¿qué es más interesante, la vida, o la vida contada en forma de Ficción?. Seguramente la segunda, pero desafortunadamente, o quizá afortunadamente, vivir en la primera, aunque más aburrido, y más gris, o más alegre, también es más fácil que una ficción que no se sabe muy bien a donde nos llevará. 

Inventamos para vivir. Vivimos para ver. Vemos para inventar. 





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