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La bondad humana


Me quedo con mono de Jhumpa Lahiri y me pongo como un loco a buscar más libros de la autora. En un principio, dados los tiempos que corren, la tarea no debería ser complicada: internet, librerías online, amazon o fnac.es deberían de tener una copia del mismo, ya que está editado en el 2000, ayer como quien dice. Pero no es así; es casi imposible conseguir una copia de Intérprete de Emociones, libro con el que además la autora ganó el premio Pulitzer. Busco y rebusco y nada. Y me enfado con las editoriales y los llamo de todo, porque en el fondo controlan a sus anchas un mercado que no tiene en cuenta a los buenos lectores, aquellos que durante el año leen muchas novedades, pero que también se interesan por libros que han sido publicados con anterioridad. Es más, la industria editorial Española, al menos la de las grandes promociones y dinero, cada día cuida menos al buen lector, y se ocupa de vender en masa libros a un público que no quiere leer, que no sabe leer, pero que finge que lee en una sociedad donde la lectura siempre está bien vista, pero la buena literatura sigue siendo de minorías.


Así que, después de no fiarme de una página de libros de segunda mano donde dicen que lo tienen, recurro y vuelvo a un refugio que durante algunos años estuvo nutriéndome de novedades y de libros antiguos: la biblioteca.

Y leo Intérprete de emociones, que al fin y al cabo, era lo que quería hacer desde un principio. Y sí, quedo totalmente maravillado con el primer cuento que me encuentro, el mejor sin duda de todos los que llevo leídos. (los restantes cuentos, de gran nivel todos, no alcanzan a este primero, pero es un mal menor, claro está) Y analizo a Jhumpa Lahiri y su manera de contar, y la recomiendo a diestro y siniestro, con alguna mala fortuna también. Y es que, no todo el mundo quizá puede apreciar la sencillez en la literatura, tan difícil de llevar a cabo. Ser complejo literariamente hablando es algo en el fondo fácil, porque ahí nunca se consigue emocionar, simplemente hacer creer al lector que lo que lee es interesante, y que al poder leerlo le hace más inteligente, imagino.

Y es que, además, cada vez estoy más convencido de que no existen las corrientes literarias, que son inventos de los teóricos y de los editores, porque para escribir bien sólo hay una manera de hacerlo: escribiendo bien.

Es sin duda lo que hace Lahiri. Su prosa es limpia y efectiva, y cuenta exactamente lo que tiene que contar para que los cuentos no se alarguen más de la cuenta, y que además, emocionen al acabarlos. Y eso sí, emocionan todos. Es más, diría que Jhumpa Lahiri tiene una magia especial para contar, una bondad a la hora de enfrentarse a las historias que no había visto antes…o sí.

Miro la foto Jhumpa Lahiri en la contraportada del libro y me sorprende su belleza. Con un moño recogido en la nuca y la cabeza ladeada, mira a cámara con dulzura. Busco más fotos y la descubro algo más mayor, pero manteniendo la dulzura en el rostro que los años no han podido arrebatarle. Me acuerdo de Rosa Montero en un artículo en el que hablaba de cómo la maldad se hacía vigente en los rostros al cabo de los años (ponía el ejemplo de Mel Gibson, de belleza arrolladora en su juventud, y de una fealdad imprecisa al hacerse más mayor) Y también ponía el ejemplo contrario, de cómo la bondad se acaba reflejando en las caras de la gente que al nacer no era muy agraciada, pero los años los han tratado la mar de bien simplemente por el hecho de no practicar maldades.
(Qué es la maldad, me pregunto también. Los días me dejan una frase que me deja helado. Manuel Delgado teoriza sobre la maldad como enfermedad mental…imagino que el malvado que la sufre tampoco es consciente de ella)

Un patito feo del bien y del mal.

Y sinceramente, sea buena o mala persona, creo que Jhumpa Lahiri cultiva la bondad en sus relatos. Esa forma de querer a los personajes y de no maltratarlos no puede tener otro tipo de respuesta. Esa manera de buscar historias que presenten también la bondad en el mundo, y la fragilidad del ser humano. En fin, sigo pensando en Jhumpa como el descubrimiento del año. Y como dice mi amigo Antonio, a ver si alguien la empieza a defender como hicieron con Alice Munro, o Cháves Nogales.

Yo desde aquí la recomiendo con seguridad. Con la certeza de que cada lector que se encuentre con sus relatos se sentirá al menos reconfortado con una voz que busca por encima de todo la bondad humana.

En todas sus vertientes. 

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