Ir al contenido principal

Berlin


Es verdad que aunque íbamos con mucha ilusión a visitar Berlín, ciudad que desde hace tiempo llamaba mi atención, la cancelación del concierto de Radiohead que nos servía de excusa para ir nos rompía unas expectativas que al final la misma ciudad se encargó de saciar.

Nos reímos al llegar al aeropuerto de Tegel porque quizá la idea que nos hacemos de los alemanes es de perfección y dos o tres anécdotas nos dejan el mito por el suelo. Luego al acabar descubriremos que el mito existe, pero por otras razones.

Me acompañan Nacho y Miguel Angel. 

Berlin se presenta de noche, y el cansancio del viaje nos hace cenar y acostarnos para así, a la mañana siguiente, empezar a recorrer una ciudad que ya me avisan es muy grande, y recomiendan que lo mejor para verla es alquilar una bici y perderse por sus grandes avenidas. Mis acompañantes no son especialmente hábiles con la bicicleta y claro está, buscamos medios alternativos.

Y nos perdemos en Berlín. Nos perdemos en el mejor de los sentidos, porque la ciudad te deja mirarla sin miedo, sin preguntar, sin hacerte sentir extranjero. A las pocas horas de estar en ella ya aparece su espíritu que es libre, que es joven, que ha sufrido pero que no guarda rencor, que se ha reconstruido y reconstruido para volver a ser lo que es ahora: una ciudad moderna, en el mejor y más bonito significado de la palabra.

La libertad se encuentra en la calle. En la gente que bebe cervezas sin parar; en los graffitis y en los edificios sin graffitis; en cada uno de los rincones, algunos con la firma del comunismo que vivió en su mitad, algunos de nueva construcción, muchos: increíblemente a la ciudad apenas se le notan las guerras, los años, las vidas que por allí dejaron de ser, las vidas que ahora son.

Y vemos en los días museos y edificios oficiales, y comemos su peor comida, y bebemos cervezas de medio litro que NO emborrachan, y buscamos sitios para salir y la magnitud del ciudad nos pierde, y descubrimos barrios, y restaurantes de comida asiática, y nos sorprendemos de los precios tan baratos, y de la gente nos habla con amabilidad  (¿Dónde están los alemanas fríos…al menos en Berlín?) y casi sin darnos cuenta la ciudad ya es nuestra ciudad, porque recibe sin juicios y con unos brazos que abrazan cariñosos.

Sinceramente, eso es muy difícil de conseguir.

Y Radiohead al acabar el viaje sigue presente, sobretodo porque nos hubiera encantando ser todavía más parte de la ciudad, dejar de ser turistas e ir a un espectáculo al que acudiesen Berlineses.

A los pocos días de llegar me empapo de preguntas que no sabía responderme al estar allí (¿Cómo ocurrió la reunificación, cómo fueron los años del muro?) Veo un documental que me resuelve parte de mis dudas y en él, un Kennedy joven da un discurso en Berlín en el 63 en el que acaba diciendo a una abarrotada plaza, Yo también soy Berlinés. No creo que haya mejor forma de acabar un discurso en ese país, porque, así es como te hacen sentir.

Un poco Berlines (pese a los tiempos que corren) 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …