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El entrevistador perfecto.


En España, y en éstos tiempo tan convulsos que corren, donde la información ha perdido su mismo significado, encontrar buenas entrevistas es una tarea difícil, complicada, casi imposible, ya que la mayoría de ellas son pactadas, o pecan de amiguismo y se convierten en meras conversaciones sin interés, al menos, sin interés para mí.

Ana Pastor es una excepción en todo esto, capaz de llevar al entrevistado a las cuerdas en pocas preguntas, y haciendo siempre, lo que tiene que hacer para llegar a su verdad.

Me pregunto qué tiene que haber para que una entrevista sea interesante, y me acuerdo de una frase de Robert McKee con respecto a la creación de personajes en el que dice que al llevarlos al límite se ven las verdaderas naturalezas de los mismos, ya que allí, en el límite, se ve la bondad, o la maldad, o la locura, sin más.

Alguien que está muy alejada de las entrevistas, a mí pesar, es la gran Rosa Montero, ocupada en escribir novelas, y en sus artículos para El País Semanal. Yo, desgraciadamente, la edad para leer periódicos suele ser tardía, la descubrí demasiado mayor, creo que la primera entrevista que leí de ella fue a Russel Crowe, el cual, después de ver que su entrevistadora era de una casta diferente, le dio más tiempo del estipulado en la promoción de Una Mente Maravillosa.

Por casualidad compro un libro llamado “Lo mejor de Rosa Montero”. Un compendio de entrevistas, artículos periodísticos, y artículos de opinión de la escritora durante algunos años en El País. No hay que decir que me lanzo directamente a las entrevistas, porque sé que lo que me espera es suculento, e interesante. Es raro también, ya que las mismas han sido realizadas hace tiempo, y la actualidad ha quedado ya atrás, imagino que se hicieron arropadas por la misma.

Y sin embargo, esa distancia creo que las vuelve aún más interesante, y que además, el tiempo pone a cada uno en su lugar (para algunos por desgracia, como Manuel Puig, que al fallecer su figura se ha olvidado por completo)

…pero hay más.

Prince, que en el tiempo de la entrevista está cambiando de nombre, y que se vuelve estúpido con el tema, obsesivo, y que sin él saberlo, este tipo de sandeces lo irían poco a poco enterrando de algo que es realmente le enamoraba, la música.

Javier Marías, que se muestra sincero y que empieza a ser conocido por el éxito de Corazón Tan blanco.

Un todavía sólo escritor de éxito, como Vargas Llosa, defensor a ultranza de la Tatcher, y que con los años cambiaría a ésta por la Espe, y por el Nóbel.

La misma Tatcher, sin ninguna duda, ni moral, ni personal. Segura en todas sus respuestas, autoritaria, y conservadora, tanto que llega a decir que la mujer ahora puede salir de su casa y trabajar porque con la lavadora le da tiempo a hacer las tareas.

Y muchas más, ya que me gustan tanto las entrevistas, que me voy corriendo a Amazon y me compro una selección de Rosa Montero otras tantas.

Y lo peor de todo, es que, ahora que he leído tantas, echo mucho más de menos sus entrevistas, y me da rabia, aún más, que no haya nadie con el talento de Rosa, con su templanza y rapidez mental, con su inteligencia, capaz de hacer tan buenas entrevistas, y de retratar tan bien a todos los personajes. Allí en el límite donde se vislumbran sus verdaderas naturalezas. 

En fin, esperaremos que aparezca el entrevistador perfecto. 

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