Ir al contenido principal

Concierto de Bigott en Granada.


Me voy a ver a Bigott con la ilusión de ver a alguien al que, de un tiempo a esta parte, has terminado por hacerlo parte de tu vida, o mejor dicho, has querido con su música ponerle algo de banda sonora a la tuya, ya que sus discos han sonado una y otra vez en muchos momentos de los últimos meses. Y eso de escuchar mucho un disco en los tiempos que corren ya le da un matiz de solemnidad al concierto, puesto que intuyes que te vas a encontrar con alguien que se sale de la norma, aunque, ésta vez, quizás temes que te decepcione.

La vida siempre te puede decepcionar, pero eso también hay que aprenderlo.

El teatro Caja Granada está casi vacío; antes de empezar el concierto no hay ni treinta personas en el hall. (luego parece que la cosa se anima algo) La entrada es normal, barata si son dos grupos los que actuarán en esa noche (Triángulo de Amor Bizarro es el otro) y las caras, como casi siempre, resultan conocidas, y te hacen pensar en que la cultura, por mucho empeño que se ponga, siempre será algo para las minorías, estén en Martos, Jaén, Granada…quizá a veces también Madrid, sobretodo en lo que a música independiente se refiere.

En un momento temo que esta cultura minoritaria muera con la crisis; que no haya ningún organismo que se atreva a traer a bandas que no les vayan a salir rentables; está bien; está mal; puede que haya que revisarlo todo, aunque yo siempre he sentido que éste tipo de eventos eran y son un privilegio.

Bigott arranca con fuerza. En el escenario hay seis personas, cuatro chicos, incluido Bigott y dos chicas; por un momento quiero ver el estilo Belle and Sebastian en el escenario, pero sólo lo quiero ver yo, porque la realidad es otra diferente.

La voz de Bigott es impresionante, es potente y la domina a su antojo. Con él no se aplica el tópico de que los indies cantan mal: Bigott tiene una voz privilegiada, y lo sabe. Su banda lo acompaña a la perfección y poco a poco, picotean en cada uno de los discos, cinco si no recuerdo mal hasta la fecha.

Musicalmente funcionan como un reloj (de los buenos); las canciones, a veces con mínimos cambios, suenan contundentes, y como vuelvo a repetir, la voz de Bigott es perfecta.

El único pero que le pongo también es su virtud. Aún le doy vueltas al asunto.

Bigott es simpático, y lo demuestra nada más empezar el concierto hablando con la gente, preguntándoles qué tal están, y poco a poco, imagino que cuando se va sintiendo más relajado (porque creo que es un gran tímido, su manera de cantar sin mirar al público lo delata) se convierte en un extraño showman que baila descompasado, que da saltos de un lado para otro, y que incluso se atreve a bajarse al patio de butacas a hacer volteretas y el pino. Lo malo, es que la seriedad de su música quizá se vea perjudicada, lo bueno, es que acaba haciendo un concierto muy divertido, y que cuando acaba, con una potencia rabiosa, te quedas planchado teniendo la sensación de que, al menos, has visto algo diferente, y que sin duda, no se repetirá.

Persona diferente Bigott, yo me conformo con que siga sacando discos tan estupendos como los de hasta ahora.

En el otro lado, y para acabar la noche, Triangulo de Amor Bizarro apareció con sus guitarras afiladas, y su potencia de watios, y tocaron casi al completo Año Santo, su segundo y último disco, que a mi me sigue horrorizando pese a las varias oportunidades que le he dado. (con el primero me pasa lo contrario) Así que, como ya los había visto en directo y me estaba aburriendo la cosa, esperé a que tocaran mi canción favorita, El fantasma de la Transición, y me fui a casa con un pitido en los oídos reseñable (la música está bien alta, pero los oídos son para todo la vida)

Y poco más que esperar a Bigott de nuevo, y ver qué nos trae en los próximos meses. Crucemos los dedos porque este muchacho es imprevisible.

También eso está bien.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …