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Una engañosa pendiente.


Lo más aburrido de salir a correr es que el recorrido se vuelve una repetición diaria, y hace que el cansancio llegue antes; los mismos árboles, los mismos baches, y piedras, a veces, la misma gente. Por eso de vez en cuando se cambia el recorrido, y la carrera resulta más divertida, más amena, en realidad, esto se hace también en la vida, necesitamos cambiar el recorrido para hacer la vida más divertida.


Recorrer el camino del Documental, Predicar en el desierto: una historia de flores y ruedas junto a Antonio y José, y junto a los colaboradores del documental, ha sido sin duda divertido, a ratos un trabajo duro, lleno de inseguridades, lleno de recompensas. Madrid fue la más grande, sin duda, después de haber trabajado largos meses: una recompensa inesperada que resulta muy agradable.


Buscando recompensas agradables a la hora de correr, cambio el recorrido en Martos (el de Granada por ahora me divierte, ya que los personajes de Joaquin Eguarás son dignos protagonistas de una película de Kusturika). Recorro la “via verde” de nuevo, pero en lugar de ir camino Torredonjimeno, lo hago camino del Monte Lope Álvarez. Curioso recorrido que por un momento me traslada a un pasado adolescente donde hacía botellón en la antigua estación, ahora en ruinas, y donde pasé, pasamos, muchos veranos de discoteca en discoteca. No lo echo de menos, pero de vez en cuando es agradable que el pasado te visite de manera inesperada.


Mi semana en Martos ha sido inesperada, y también agradable, a veces me he sentido deshubicado, quizá perdido en mi pueblo, ya acostumbrado a vivir en Granada, en la que estoy a gusto, aunque la sensación de no ser de allí siempre la tenga presente. Quizá llega un momento en la vida en que uno no es de ninguna parte, y siempre se puede sentir bien en cualquier sitio, y a la vez, nunca se llega a sentir de ninguno.


El precio de querer ser ciudadano del mundo.


El recorrido nuevo también se hace difícil. Una gran pendiente aparece de repente y amenaza con no acabar nunca. A los tres kilometros necesito parar, ya que el recorrido me pilla por sorpresa y no esperaba que fuera tan difícil la subida. Sin embargo continuo, porque sé que las recompensas están siempre al final.


Retomo con Rosana y con Piedad la obra de teatro. Todo va sobre ruedas, y los cuatro primeros actos se montan fácilmente, y sin mucha dificultad. Todo funciona y ellas tienen una química escénica que sorprenderá a mucha gente, estoy seguro. Sin embargo, el acto quinto se muestra complicado cuando empezamos a montarlo: no acaba de arrancar y el enfoque en la interpretación se muestra muy complicado; buscamos y buscamos salidas por las que la trama será entendible; un traje a medida para que todo sea perfecto. Trabajando se llegará al final, pienso. Y pienso bien, ya que tras varios días, el quinto acto empieza a tomar forma, a ser parte de un todo acorde a lo que queremos contar.


Después de recorrer un kilometro más decido dar la vuelta a la espera de una recompensa; la pendiente me ha dejado agotado, y llevo un rato corriendo porque sé que ahora me espera lo bueno, y que iré bajando un rato y así descansaré un poco. Pero me resulta raro que nada más empezar la vuelta me encuentre con una pendiente ascendente de nuevo ¿había empezado a bajar ya? Corro un rato más y me doy cuenta que la vista me había engañado y que en realidad había estado bajando todo el rato, y era ahora cuando de verdad tenía que subir...¿cómo era posible? Si no fuera porque estaba corriendo, y sudando, y me dolían las piernas, la historia podría formar parte de una pesadilla horrible. Y sin embargo, tenía que seguir, porque ir andando me llevaría demasiado tiempo. Intento hacer recorridos más cortos hasta que el cansancio me hace parar. Una y otra vez, hasta que por fin, llego a casa, cansado, agotado, y con la sensación de no haber tenido ninguna recompensa. Quizá la única ha sido la de entender que las recompensas pueden estar envenenadas, o todo lo contrario, quizá entender que no todo tienen que tener una recompensa. Quizá entender que todo puede ser diferente de como uno lo piensa y que la vida, por sí misma, de repente, como un pasado inesperado, también te puede sorprender.


Sigo corriendo.


Comentarios

combatientes70 ha dicho que…
Amigo,que placer volver a leerte, veo que sigues cultivando esta buena costumbre... y sobretodo el de hacernos participe de tu realidad... un besazo y sigamos subiendo cuestas...
Amador Aranda ha dicho que…
...un placer que tu sigas leyendo...un beso guapo

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