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Príncipes y Princesas.


En literatura, en el mundo de la ficción, las historias están todas contadas. Es un tópico (real) que la originalidad nace de la manera en que se cuentan las mismas, la forma...que crea un mundo por descubrir, una historia ya contada con ojos diferentes.


Y sin embargo, las historias cuando son contadas con ojos nuevos, con talento, parecen distintas, y esto hace que los lectores, o los espectadores, nos enamores de ellas, nos identifiquemos, y disfrutemos con lo que se nos está contando.


Que al fin y al cabo, es para lo que sirve la Ficción.


La última novela (tres libros divididos en dos tomos) de Haruki Murakami, 1Q84, cuenta la historia de dos personajes, Aomame, y Tengo. La primera una asesina a la que se le encarga el asesinato de un líder de una secta religiosa (por un momento me recordaba a la horrible película de Coixet...afortunadamente, va por otro lado). Tengo, la otra historia, o el otro personaje, está en las antípodas de la primera. Un chico al que una editorial le encarga la revisión de una novela que ha escrito una chica que no es escritora. A partir de aquí, y con una capacidad increíble para crear un mundo fantástico, Murakami arma una muy curiosa novela, a ratos oscura e incómoda, a ratos infantil y fácil, a ratos sublime y perfecta.


Y siempre, el universo que Murakami se ha encargado de crear a lo largo de los años, un estilo curioso en el que sus historias funcionan perfectamente.



Cuestionamos el amor, yo lo hago, y me pregunto sí la ficción tiene que ver con el concepto de amor que ahora la sociedad tiene, y ansía. Añoramos príncipes y princesas que se han creado en un inconsciente colectivo, pero que no existen, y que debemos derribar como mito para crear otros nuevos, otras formas de representar y de buscar el amor, más acorde con la realidad. Porque el amor existe, pero la ficción también puede tergiversar una realidad que no se parece en nada a la que vivimos cuando estamos enamorados.


Quizá por eso Murakami opta en plantear su historia de amor como un acto de fe a partir de dos personas que una vez se ven y confían para siempre el uno en el otro, a través de los años, a través de los mundos. Quizá por eso, la historia de amor nunca se consuma, porque puede que si la realidad llega a su vidas, todo caiga. Quizá por eso, Murakami no engaña al lector, ya que llena la novela de un futuro por hacer, y hace obsesionarse a los personajes sin conocerse, dejándoles que vivan el amor sin en realidad vivirlo.


Puede que este sea el amor más puro, el que no se contamina con lo cotidiano.


Recomiendo la novela, que finalmente, no entiendo por qué (puede que ya nos estemos cansando de Murakami) ha pasado desapercibida siendo una novela en la que se nota que Murakami ha invertido mucho tiempo, y talento, y sobretodo, ha puesto quizá un empeño especial en hacer que su mundo, el que nos muestra a través de sus palabras, parezca nuevo, nunca contando, como tienen que ser las grandes historias.




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