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El Juicio Popular

Que la opinión se ha democratizado con la llegada de internet es un hecho más que probado. Gracias a las redes sociales, la opinión se está convirtiendo además, en una forma de que los demás te conozcan, y opinen sobre lo que se dice, o se recomienda. Y claro está, todo esto resulta positivo en muchos aspectos, ya que provoca en algunos casos el debate, y la confrontación, tan importantes para alcanzar respuestas, si estas se buscaran.


En paralelo al auge de la opinión en internet también se van generando otro tipo de conductas nacidas de esta democracia de participación. Y si bien antes uno tenía una opinión sobre alguien o algo, si acaso, lo comentaba con los allegados, y ahí quedaba el comentario: este político es un imbécil y deberían...o este actor es malo y no debería hablar de...o esta película es una...en fin. Cada uno que busque sus ejemplos.


Ahora no, ahora hemos aprendido que gracias a esta opinión democrática, los comentarios pueden llegar a ser oídos por mucha más gente y que además, esa gente nos puede ayudar a que nuestras ideas, sean buenas o malas, tengan un fin determinado, ya sea acabar con el actor de turno o director, o con la película que han hecho por el simple comentario a favor de la regulación de las descargas, o porque ese día en el que se levantaron con el pie torcido, dijeron un algo políticamente incorrecto.


Y sí, así fue como la sociedad en internet se vio con el gran poder de unirse y de hundir, a veces de modo arbitrario e infantil, las carreras de los artistas que peor le caen...ya sea Lucía Etxebarría (yo no la soporto, pero de ahí a desearle mal, va un paso) o de la cantante Bebé, a la que se ha intentado hundir de manera sistemática por una rueda de prensa salida de tono, o a Russian Red, que tuvo la mala fortuna de hablar de sus inclinaciones políticas en una revista.


Nos hemos vuelto jueces sin criterio, sin reflexión, sin consecuencias, y nos hemos olvidado que detrás de nuestros comentario, de esos miles que se generan en segundos, hay personas a las que van dirigidos y que les afectan, y les perjudican.


En estos días, además, dos juicios mediáticos, de los de verdad, llenan portadas de periódicos. Por una parte el de Marta del Castillo, y por otra, el de Francisco Camps. En el primero, después de la sentencia, se pide que sea juzgado por un Jurado Popular. En el segundo, es el Jurado Popular el que absuelve de sus cargos al político.


Y ante esto, sí que nos vemos indefensos...y quizá de ahí tanta frustración, quizá de ahí nace el juez que cada uno lleva dentro y que imparte justicia con comentarios en las redes sociales. Es como si la sociedad nos coartara un derecho que creemos fundamental, y nosotros lo sacáramos en la red, incapaces quizá, de juzgarnos a nosotros mismos.


Quizá lo que tengamos que hacer es aprender a ser responsables de nuestras palabras, aprender a ser jueces y saber que lo que comentamos en foros abiertos pueden tener consecuencias en gente que no conocemos, pero que vive o intenta sobrevivir con su trabajo lo mejor que puede.


Parece que será un camino que aprender, pero el hacerlo depende de cada uno, imagino.


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