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Atrapado


Cuando era pequeño tenía la tonta ilusión de tener un cine cerca de casa. El cine del pueblo, aunque cercano a mi hogar, apenas ponía películas, y un viaje a Jaén era demasiado caro para un chaval, así que, el sueño de poder ir al cine cuando me apeteciera se convertía en eso, en un sueño que alcanzar en un futuro, en una felicidad atemporal que en el fondo llevaba implícita una marcha, ya que, por mucho que me empeñara, en el pueblo no habría nunca cine y yo tendría que “salir” para verlo cumplido.

Es curioso como a veces una nimiedad nos puede hacer felices, en mi caso, en el caso de mi yo niño, era un cine al lado de casa. Una salida de un mundo en el que empezaba a crecer, en el que se empieza a aprender. Llegamos al mundo con la ansias de aprender, y se nos enseña todo, desde hablar, y escribir, hasta la manera de ser felices, quizá a veces sin pensar que la felicidad no se enseña, y que cada uno debe encontrar la suya.

Pero al final, hasta nos creemos la felicidad ajena, y la tomamos como propia.

Hace unos días veía en La sexta 3, ese estupendo canal de cine, Atrapado en el tiempo, una película que definitivamente va ganando con los años. Atrapado en el tiempo cuenta la historia de un reportero que se queda atrapado en el día de la Marmota, y sin mucho sentido, tiene que salir de él, aunque no hay ningún tipo de clave para hacerlo, sólo vivir. Porque esa es la moraleja de la película; uno tiene que ser feliz en la vida con lo poco que tiene, o lo mucho, ya que cuando se es feliz, no nos solemos dar cuenta.

Qué gran desgracia.

Hoy, después de un día curioso, me he ido al cine, al cual puedo llegar andando desde casa. No es un cine normal. A tiro de piedra puedo ver en Kinépolis casi cualquier película, y si hay suerte, en versión original, y en pantalla gigantesca. Hoy he recordado de que cuando era un criajo mi idea de la felicidad era ir a un cine que estuviera cerca de casa.

Y hoy la felicidad se veía cumplida.

Quizá todos vivimos a veces en el día de la marmota, atrapados en una felicidad sin saber que la estamos viviendo cada día; sintiendo, hablando, queriendo a los muchos que nos quieren a nuestro alrededor. Hoy, no sé por qué, me encuentro feliz, quizá porque me he dado cuenta de todo esto que cuento hoy. Quizá porque me he dado cuenta que hoy soy feliz.

A veces está bien saberlo, aunque yo casi siempre lo sepa. Ahí soy afortunado.

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