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Casa David


Uno nunca sabe muy bien como se llega a aficionar a algo; quizá el entorno, que va introduciendo en ti sus gustos, sus formas de ver la vida, sus aficiones…quizá uno mismo se busca qué hacer, y en esa búsqueda, a veces acaba encontrando interesantes propuestas en un camino donde la elección es básica, es ley, un dogma imposible.

Haces unos meses leía un artículo en un blog de El País en el que hablaba de la diferencia entre los restaurantes Chinos, y los restaurantes Chinos Chinos.

Yo, gracias a Leandro, que además de médico chino, ha pasado algún que otro mes en China, descubriendo que la comida que aquí nos suelen ofrecer no se parece casi en nada a la que ellos comen. La frase, ¿Has visto alguna vez a un Chino comer en restaurante chino?…la respuesta es negativa…hasta la fecha.

Empezó, o empieza mi afición por la comida China, pero la de verdad, en Bilbao, donde la entrada del Blog del País nos lleva a un antro con plásticos en lugar de manteles sobre la mesa, y papel de desmaquillar en donde debería de haber servilletas. Vamos sin miedo, y sobretodo, a experimentar algo diferente. La primera cosa que nos hace ver que estamos en un chino chino es que en él, comen chinos…

La comida en Bilbao ha sido la más curiosa hasta la fecha, porque se podía comer hasta pulmón a la plancha (no lo pedí)

Al llegar a Granada, volvimos a probar un chino chino, en camino de Ronda. Este, a modo de restaurante clandestino, había que pedirle una segunda carta, que, con unas fotocopias unidas con una grapa, te daban acceso a la comida más oriental del lugar. Hay que tener en cuenta que los restaurantes chinos normales son reciclados de américa, y exportados de mala manera, cambiando unos menús deliciosos, por otros, menos apetecibles.

Casa David me intriga. Es un restaurante Chino en Armilla del que ya nos han hablado antes, pero que no he conseguido encontrar con facilidad en google maps. Finalmente lo encuentro y claro está, vamos.

La pinta por fuera de Casa David es lo menos chino que uno se pueda creer. Imagino que mucha gente habrá entrado a tomarse unos callos, o vete tu a saber, y se habrá encontrado con un restaurante chino, que por dentro, desconcierta aún más; decorado como una bar alpujarreño, detrás de la barra, no hay nadie que hable chino. Una mujer y dos chicos te atienden muy amables mientras te dan la carta en un Español de haber vivido aquí toda la vida.

Como una flor, Casa David se desoja a base de curiosidades. El cocinero, un hombre mayor, sale un momento de la cocina, y habla en Chino con los chavales, los cuales luego nos dicen que su padre es el cocinero. A ellos hay que mirarlos con lupa para verles los rasgos orientales, aunque los tienen. Mi cabeza se llena de preguntas: ¿Cómo llegan un oriental a casarse con una “Granadina” y a montar un restaurante chino que no parece un restaurante chino, en Armilla, y cocinando una comida de escándalo?

Espero que algún día me respondan en el restaurante a las preguntas.

Uno nunca sabe cómo llega a las aficiones, a veces, uno nunca sabe para qué sirven, o sí, quizá sirvan para moverse, para disfrutar con más intensidad de la vida, para vivir sin prejuicios, para seguir viviendo.

Seguir viviendo. Seguir disfrutando. Seguir.

Qué difícil y qué fácil es.

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