Ir al contenido principal

Fib. (Tercera parte)

Vivir durante una semana en un festival, dormir con la gente que lo habita, al lado, escuchando cuando se levantan, cómo hablan al llegar aunque no entiendas nada de lo que dicen, verles tararear las canciones que ayer mismo tocaban sus grupos favoritos en el escenario, hace que todo se viva con más intensidad, dándole quizá un valor añadido que en el fondo no tiene el mismo festival. Pero es así. La intensidad hace que los conciertos se vean de forma diferente, y que a veces se disfruten más, cuando en otro contexto serían, quizá, conciertos normales y corrientes. 
El último día, a priori, se presenta cansado. Los dos grupos que más ganas tenemos de ver serán seguidos y en el escenario grande, escenario que como norma, está bastante lleno. Nos vamos temprano, casi al acabar el concierto de Cat People, y con un truco aprendido en el Bennicasim anterior, nos colocamos casi al principio del escenario. Esperamos con impaciencia a que nuestros grupos aparezcan, pero es bien cierto que allí también hay mucha gente que es fan de ellos. Vemos con agrado Noah and The Whale, aunque en el fondo, son sólo una antesala algo impertinente, un trámite que hay que seguir y una espera impuesta que nos acercará a lo que realmente queremos ver. 
Casi una hora desde el final de Noah and the Whale para que empiece Portishead. Portishead es ese grupo de siempre, que adoraste cuando era poco más que un adolescente, y que, deciden dejarlo todo y darse un descanso para retomar de nuevo las cuerdas de su carrera con un estupendo disco. Yo, además, tengo grato recuerdo del mismo, y los esperaba con muchas ganas, quizá también temiendo que lo que viera fuera malo, o me decepcionara, cosa que ocurre mucho más a menudo de lo que parece. 
Afortunadamente, no fue así. Portishead deslumbra con un directo espectacular, con un espectáculo cerrado, y completo, pensado y pensado para provocar el hipnotismo en el espectador, que mira con la boca abierta. Todo sencillo y muy efectivo. Varias cámara fíjas colocadas estratégicamente en el escenario provocan imágenes, superpuestas y distorsionadas, en blanco y negro, en un escenario casi a oscuras. También animaciones que a veces iluminan de rojo, y otras lo llenan todo de creaciones fantasmagóricas. Y por supuesto, una Beth Gibbons con un talento inconmensurable, capaz de ponerte la carne de gallina con esa voz tan potente y tan desgarrada. Como dijo Miguel Angel, la cantaora del pop, o del sonido Bristol. Perfecto en todos los sentidos. Un espectáculo adulto que cuesta digerir, aunque en un festival como Bennicasim, no haya tiempo para digestiones, puesto que luego llegaban también otros grandes. 
Arcade Fire, todavía con una carrera corta, sólo tres discos, puede ya contarse sin duda, y ponerse la medalla de ser el grupo que más saltos y más energía desborda en un espectáculo, y además, contagiarla. Quizá el tema de intentar ponernos delante, fue porque hace ya unos años nos sorprendieron mucho en el Summercase, y claro, las buenas experiencias siempre está bien repetirlas. 
Los Arcade siguen dando lo que prometen. Un espectáculo aparentemente sencillo en el que todos son protagonistas, y en donde poco a poco, van desgranando cada una de sus canciones, qué digo canciones, cada uno de sus himnos generacionales que tocan, ya que todos su temas suenan a eso, a singles perfectos que te hacen saltar y saltar, y la verdad, es que cuando acaban, te da la impresión de que podrían seguir así durante horas y horas, jugando, cantando, disfrutando tanto, todos disfrutando tanto. 
Al terminar, y después de ese gran concierto de Arcade, le comentaba a Miguel Angel que seguramente sería la última vez que tendríamos la oportunidad de verlos tan cerca, ya que me da a mí que Arcade Fire se va a convertir en los nuevos U2, o Coldplay, grupos que llenan y llenan grandes espacios con grandes espectáculos, pero que quizá pierden algo de magia por el camino. No lo sé, aunque me alegro mucho de haberlos visto así ya dos veces...cruzaré los dedos para que no sea la última. 
Y se acabó, acabamos el Bennicasim de ese día, porque al día siguiente había viaje de vuelta. 
Pese a sus peros, que los hubo, pese a que Bennicasim es ya un Festival extranjero, pese a que la calidad de muchos grupos ha bajado, pese a todos los pese, hay una cosa clara. Todavía no he asistido a un Festival de música en España que provoque esa magia en los conciertos, esas cosquillas en el estómago antes de empezar, esa forma de tratarlo todo cuando estás delante del escenario como en Bennicasim. Y es que en el fondo, Bennicassim, siempre será Bennisassim. 

Comentarios

David TTT ha dicho que…
"Soy el webmaster del Directorio Wandaloop, donde si lo deseas puedes incluir tu blog completamente GRATIS.
Directorio Wandaloop"

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …