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El artista inesperado.

Hay algunos escritores, no muchos desafortunadamente, que con el hecho de leerlos ya se tiene la sensación de que el tiempo invertido tendrá sus recompensas: y no, no sólo es por el hecho de que nos descubran cosas  dentro de nosotros que dormían ocultan, (fogonazos de sabiduría) sino por el hecho de que su literatura, sus personajes, o su manera de narrar también nos sirven para explorar lugares que no habíamos visto que existían.

Lo explico mejor, porque creo que no se entenderá, aunque puede que también sea decepcionante para algunos: Escritores que escriben para escritores, que con sus obras son capaces de inspirar a otros a escribir también las suyas.

Y sí, me ha pasado, o desde luego, siento que tengo ganas de escribir muchas más historias sin plagiar al autor que ahora nombraré, pero sí tomando prestado un espíritu de sencillez, que desde luego, me ciega en el mejor sentido de la palabra.

Richard Yates se ha convertido de un tiempo a esta parte en uno de mis escritores fetiches. Lástima que ya lleve algun que otro año muerto, y lástima también que su obra sea tan poco extensa. Apenas cinco libros: tres novelas, y dos libros de relatos.

Acabo de terminar uno de esos libros de relatos, "Once maneras de sentirse solo", y no puedo más que tener palabras de admiración hacia la manera de escribir de Yates, como digo, sencilla, pero a la vez profunda, y compleja en el poso que dejan las historias al ser acabadas.

Once maneras de sentirse solo son relatos de personas normales, de una clase media americana conocida por todos, que lucha por sobrevivir, y por alcanzar unos sueños que desde pequeños se han exforzado muy bien en aprender. Amas de casa, niños en colegios, escritores, parejas, son personajes arquetípicos que en las manos de Yates están cargados de soledad y de tristeza, siendo ellos mismos, (y sus decisiones) los culpables del mal que  lloran.

No cuento más, al fin y al cabo, por mucho que cuente nunca voy a poder dar una idea fiel de lo que en realidad quiero alabar de Yates, y sin duda, para aquel que se atreva a acercarse a sus libros o relatos, se encontrará con la realidad que el también define, realidad, por otra parte, que es dura y triste, pero que, a mi, puede que esté en un buen momento, ya no me provoca tristeza.

Recomiendo el libro, como no, también la escritura, la propia, que como digo, Yates sin querer incita a practicarla, y yo, desde aquí, a recomendarla.

Escribir también puede ser un acto enriquecedor y de autoconocimiento inesperado.

Comentarios

Ricardo Baticón ha dicho que…
Pues apuntada queda la recomendación de este libro, Amador. Por cierto, me gusta el nuevo diseño de fondo... pero no permite leer bien los contenidos, hay que seleccionar el texto para poderlo leer bien. Saludos
Amador Aranda ha dicho que…
Ah, si, pues no se. Voy a cambiarlo creo..este es de blogger. Gracias por decirmelo Ricardo....y el libro..es estupendo. Pillalo cuando puedas. Saludos.

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