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Viaje italiano: Venecia.

Increiblemente el primer sorprendido soy yo. Mi vida, en los días que ahora vivo, está cada día más milimetrada, más medida y ajustada a los tiempos que se pisan unos a otros, quizá ya fuera hora de que pasara...quizá esto es ser mayor. Quizá crecer es no tener tiempo para ver cine, o series, o películas, quizá, como escuchaba hoy en la estupenda canción de los Klaus and Kinski, Ya vendrán los madremías, "Se estinguirá la curiosidad", esa curiosidad que durante años me ha movido, y que ahora en cierto modo también me mueve, esa curiosidad que hace que nos sintamos vivos, y que no pensemos que nos hemos equivocado, esa curiosidad que nos da razón de vivir cuando el vivir deja de tener razón, y muchos menos sentido, si alguna vez lo tuvo.

Y pese a la falta de tiempo, también hay tiempo, y viajo de nuevo a Italia. Bolonia será el destino, será nuestro eje de operaciones en unos días lluviosos, pero muy apacibles, muy tranquilos, y como siempre, uno se olvidará de uno mismo y se perderá en la ciudad.

En el desconocimiento.

El primer día después de la agotadora llegada sin dormir nos llevará a Venecia, que está a dos horas en tren. El viaje, que es corto, se trunca con una lluvia constante que hace que el paraguas y el brazo se conviertan en un apendice adherido a nuestro cuerpo.

Pese a todo, vemos la ciudad.

Es curiosa Venecia. Por una parte, esa decadencia tan famosa de la que se habla está en cada una de sus esquinas, en cada una de las casas que poco a poco se van abandonando, culpa quizá de su gran fracaso, y es que Venecia no es una ciudad, no está habitada, no tiene vida, y las ciudades sin vida, acaban, al igual que las personas, muriendo. Venecia es como un cuerpo muerto al que millones de turistas han ido a hacerle la auptosia. Y la miran y remiran, y le hacen fotos, y, claro está, se llevarán muchos recuerdos de ella. Y admiraran su belleza, que la tiene, y la conservaran hasta que, un día, el mar la devore y se acabe esa agonía tan lenta que la ciudad está teniendo.

Y sin embargo, Venecia también habla, y se convierte al tiempo en una ciudad curiosa, donde la fama mundial la hacer ser foco de interés para el cine, o para teatro, donde las preciosas máscaras la adornan en cada uno de los escaparates, donde, al fin y al cabo, Venecia se encuentra agusto.

Qué mejor que encontrarse agusto con uno mismo...quizá Venecia esté muerta, pero los italianos la adoran, la idolatran, la aman tanto, que no la quieren enterrar. Quizá, haya una razón para todo esto.

Quizá, yo, no sea capaz de verla.

No lo sé.

Comentarios

Ricardo Baticón ha dicho que…
... vamos, que no te ha gustado mucho o al menos no has encontrado a Venecia su chispa. Es una ciudad como triste, no?... hace poco volví a ver Italian Job y la primara parte de la peli transcurre allí. Saludos!
Amador Aranda ha dicho que…
Si que me gustado...pero en fin, eso...no sé. Una sensación mu rara...Saludos.

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