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Viaje italiano: Bolonia

En el lado opuesto a Venecia, llena de vida, abarrotada de gente, y cuidada con mucho cariño, se encuentra Bolonia, quizá no una de las ciudades más famosas de Italia, pero sin duda, una de las más gratas sorpresas que me he encontrado en este viaje. Puede que, el no esperar nada, sea lo que haya hecho que Bolonia me agradara tanto.

Está por ver.

Lo que sí es cierto es que Bolonia, con sus universitarios, sus restaurantes con sus espectaculares vinos, y su vida, tanto diurna como nocturna, unida al más que cuidado empeño por dotar a cada uno de sus edificios antiguos de contenido, la convierte en una ciudad a la que los días de visita se le quedan siempre cortos. Todo te hace pararte a observar: sus soportales tan cuidados, adornados con preciosos frescos; sus iglesias, plazas, sus estatuas, tan italianas como la propia ciudad, tan cercana a Florencia, que parece haber mamado la misma cultura que ella.

Y hay más...

Bolonia vive sobre todo su pasión por la cultura, que se respira en tiendas de libros de segunda mano, muy abundantes en la ciudad, también de primera; en los talleres musicales, donde, al parar en el recorrido, se pueden observar a los artesanos dar vida a los intrumentos de cuerda; y sus calles, uniformadas para el visitantante, al que, como digo, le falta tiempo para mirar cada uno de sus rincones, tan llenos de vida, que le proporcionarán un más que agradable futuro a esta ciudad que se vuelve más y más especial con los días que se abandonan al recuerdo.

Bolonia es vida.

Esto sí que lo sé.

Es de lo poco que sé.

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