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Sintra, y Oporto.


Bordeamos la costa de Portugal. Sus azules se mezclan con los blancos que acompañan casi a pie de playa las casas que durante años se han ido construyendo para que el mar sepa donde tiene que llegar, donde tiene que pararse en su recorrido hasta la tierra. Aquí se puso el primer ladrillo, y hasta aquí es tu territorio, se dijo en el principio. Luego, como en todo, siempre hay una de las dos partes que incumple el trato.

La costa Portuguesa, a primera vista, o a vista muy rápida, esa de la que no te bajas ni del coche, se parece ligeramente a la costa Malagueña. Pero no es una opinión real, ni veraz, ya que nuestro destino es Sintra, y allí sí que miraremos con atención. Lo demás es palabra difusa.

Sintra nos acoge por unas horas. Los viajes a veces se hacen con palabras ajenas, y Sintra, gracias a Facebook ha sido recomendada con pasión por algún amigo. Comemos, y visitamos su Centro Histórico, inundado por Turistas. Es curioso como una ciudad puede  ser varias ciudades según la época del año: las ciudades turísticas se vacían de sus habitantes habituales, y se llenan de Turistas, cambiando quizá para el Turista (porque, todos lo somos) una forma más natural de visitar. A veces me da la sensación cuando visito ciudades de estar en un plató de cine, sin vida, y con final próximo. Es lo único malo que le encuentro a viajar.

Dejamos Sintra muy cansados: sus dos Castillos, el de La pena, y el de los Moros, nos dejan exhaustos, y aún nos queda viaje hasta Oporto.

Oporto nos recibe con lluvia, lluvia que embellece la ciudad en lugar de afearla. Oporto es una sorpresa en cada una de sus calles. La riqueza del pasado, también la presente, muestra una ciudad Portuguesa muy distinta. Aquí el dinero sigue llegando a la ciudad gracias a su vino, y su centro histórico es Barroco, época en la que el vino empezó a exportarse.

Visitamos, paseamos, admiramos sus puentes, sus edificios nuevos, compramos, y disfrutamos de una ciudad viva, de ese Faro comercial que todavía significa para Portugal.

Manaña nos espera Galicia, es un viaje por carreteras que pienso tuvo que tener una época difícil. Pienso en la relación que siempre ha unido a Portugueses y Gallegos, tan iguales, incluso en sus acentos: Portugal también como refugio de Españoles en tiempos de Guerra, de Gallegos que cruzaban fronteras escondidos en los bosques. Pienso en Portugal como casa para todo aquel que tuvo que huir, y sin embargo, pienso en el maltrato que sufre también por parte de España, su desconocimiento, me incluyo hasta hoy.

Saramago decía que Portugal y España son como hermanos Siameses unidos por la espalda y que por lo tanto nunca han podido mirarse y ver que son iguales.

No dudo de esto: Palabra de Saramago.

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