Ir al contenido principal

Lisboa


Atienda el visitante a lo que le rodea. Detenga su vista, que cansada, ha llegado a su destino, después de baches insalvables, caminos y desvíos, certezas que se volvieron realidades. Céntrese en el que al pasar le mira de reojo, en el que sin querer quiere enseñarle una ciudad abierta, amable, una vida en una ciudad, una ciudad donde la vida se respira, donde el empedrado se quiebra entre los pies y hace avanzar con un impulso inusitado, donde los recuerdos que nunca se vivieron se vuelven memoria en unos libros leídos, quizá olvidados, donde aún se huele a los autores, que dejaron una impronta invisible en las esquinas, en las fachadas, que escribieron palabras en una ciudad todavía por conocer.
Entre el viajero sin miedo en Lisboa, la ciudad está abierta para los invitados.


Lisboa se presenta en un día nublado, con un vergonzoso sol a la espera de que las nubes acaben su representación. El puente nos recibe, y nos deja entrar, atravesando una ciudad donde la novedad es una palabra a comprar, donde las calles se van haciendo empinadas, donde los barrios toman forman y se abrazan hasta formar Lisboa, la ciudad que se acerca al mar con timidez, y se abre hasta abrazarlo por completo, la ciudad donde la magia flota en el aire y se deja respirar, haciéndote partícipe de una alegría contagiada por generaciones de viajeros, de lisboetas, de pessoas.

El barrio Alto nos cobija, y adentrándonos en el tiempo que por momentos se quiere detener en Lisboa, encontramos los tranvías, viviendo sin prisas, y recorriendo como sangre roja cada una de las calle de la ciudad, y dotándola de una vida diferente, oxigenándola cuando el aire deja de ser respirable.

Dormimos en Lisboa.

Despertamos en Lisboa.

La soledad me obliga a hacerme su amiga en el segundo día, y recorro las calles sin prejuicios, con ojos nuevos, sin mapas, sin guías, dejándome llevar, a veces siguiendo, viendo: ver, escuchar, sentir. Cada unos de los rincones de la ciudad es interesante, cada uno de los resquicios de su pasado se deja ver con humildad, enseñando sin miedo, queriendo acompañar al que llega, al que visita, al que con cautela se integra.

Me siento Elefante en Lisboa, y recuerdo a Saramago.

Deje la ciudad el viajero; espero que le haya sido provechosa, y que no dudará en volver. Le seguirá sorprendiendo en la vuelta, y con los brazos abierto, le esperará para darle un abrazo, que entre barrio y barrio, formará su corazón, un corazón hecho a base de calles empinadas, de plazas, de tranvías, un corazón que por nombre llamaremos Lisboa.


Comentarios

Silvia ha dicho que…
Que bonito es Lisboa... yo estuve el año pasado y me quedé enamorada. Volveré.

Bss.
Amador Aranda ha dicho que…
Yo también volveré, me he quedado con ganas de muchas cosas...jeje. Saludos Silvia.

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …