Ir al contenido principal

Galicia y Madrid.

No sé si es cierto, no sé si me pasa sólo a mi, pero, al viajar uno se olvida de uno mismo y se entrega a lo que ve, se olvida de su propia vida, de su casa, de los que están y volverán a ser en unos meses, para adentrarse por un tiempo en un mundo diferente, para aprender siendo otro, para conocer a quién está delante y que ayer era alguién invisible, en costumbres y en rostro, en palabras.
Hoy no.
Las ciudades te reciben como extranjero y abren con gratitud su brazos para abrazar con fuerza, para que uno se sienta, por semanas, días, querido como en la casa a la que se volverá, y desgraciadamente, con los días, se olvidará poco a poco lo aprendido.
Uno aprende al viajar que la soledad es efímera, y que la individualidad, al final, provoca racismo, xenofobia, miedo al mundo.
Mi viaje sigue por Galicia, en Pontevedra, donde nos vamos acostumbrando de nuevo al Español y nos encontramos con el Gallego, ese idioma que nos recuerda tanto al recién abandonado Portugües. Quizá por su semejanza, creemos estar todavía fuera de España, y nos tomamos la estancia de manera diferente, como si el chip que nos debería haber dicho que ya habíamos llegado a nuestro país, se hubiera roto, y nosotros estuviéramos encantados con la avería.
Recorremos Pontevedra, y su casco antiguo nos encanta, pese a que nadie nos había hablado de su belleza. Cenamos maravillosamente en una plaza donde los niños juegan al balón, y se divierten, inconsciente de su futuro como adultos, de su mañana sin balones con los que jugar en la calle.
Santiago es una ciudad a visitar en nuestro segundo día en Galicia, y el tren, que recorre presuroso por toda la región, nos acerca rapidamente a la ciudad, quizá la ciudad Española donde más lenguas se han hablado a lo largo de su historia, y en donde la palabra extranjero queda obsoleta al llenarse las calles de todo tipo  de peregrinos.
Visitamos Santiago con tranquilidad. Visitamos la Catedral y vemos su fachada, y por supuesto, su precioso Pórtico de la Gloria, fachada primigenia de la Catedral Románica que nos encanta.
Nuestro viaje va acabando, y Madrid nos espera como punto y final. Allí también estarán los amigos, las calles conocidas, los lugares a los que siempre se vuelve a ir. Tiendas y Museos son nuestros principales alicientes.
Visitamos temprano el Reina Sofía, y admiramos las vanguardias del siglo XX. Me gusta el Reina Sofía, quizá, porque peco a veces de modernez, y me siento más identificado con un cuadro abstracto, que con uno figurativo. No lo sé, pero disfruto mucho, además de que veo la sala de Antonio López, al cual me encontraré, como si de magia se tratase, en el metro que nos lleva de vuelta al Hotel.
Se acaba el viaje, que no las vacaciones, que de nuevo, terminarán en el South Pop, el Festival más perfecto al que he ido, y donde el concepto "pasar penuria", muy adherido a los festivales, no existe y se disfruta tanto como si fueras uno de los artistas a los que suelen mimar los organizadores.
Que tengáis una buena vuelta al trabajo, y disfrutéis también.

De todo se saca provecho.

Comentarios

Ricardo Baticón ha dicho que…
Hola Amador

me temo que cuando estamos de vacaciones... todos dejamos nuestras vidas en casa y en la maleta nos llevamos nuestro otro yo, para desconexión total. Por Galicia y Portugal anduve el año pasado... Saludos!
Amador Aranda ha dicho que…
Pues sí...la verdad es que viene de vez en cuando muy bien olvidarse de uno mismo....y ver cosas interesantes, más todavía, jeje. Saludos Ricardo.

Entradas populares de este blog

Casa David

Los indeseables.

Quién les hubiera de decir a las “galas de cine” que en unos años se iban a convertir en fenómenos de masas. Yo, que como aficionado al cine he visto muchas, puedo confirmar que excepto en el noticiario del día siguiente, los premios y las galas pasaban sin pena ni gloria, más allá del comentario popular de: esta ha ganado diez Oscars, o diez Goyas, y no es tan buena…o el vestido de aquella, o el disfraz con el que fue aquel...o la maldad de turno, que también las había...y las hay, y que en cierto modo siempre ha formado parte del visionado de las galas entre amigos: una diversión blanca que no salía del salón donde se veía la gala.
Pero las redes sociales y en especial Twitter, lo han cambiado todo. Las galas son el mejor momento y el mejor escaparate, para que las lenguas, a veces originales, y otras algo viperinas, comenten lo que está pasando en su televisión. Criticar una gala de cine sin saber de cine está a la orden del día. No hace falta ver las películas, ni conocer a los ac…

Las furias cotidianas.

Los viajes siguen siendo interesantes. Madrid sigue siendo interesante. Amigos, familia, visitas, cine, teatro. La lluvia nos recibe a nuestra llegada. La lluvia, y un apartamento en “la puerta del Sol” que no sabemos si nos gusta o no. Apenas sin tiempo nos vamos al teatro. Apenas sin teatro nos vamos al tiempo.  

“El gol de Alex”, la nueva obra de mi amigo Antonio Hernández Centeno. Ver obras de Antonio cada cierto tiempo en Madrid se ha convertido en un hábito muy agradable. En una excusa para volver. En una vuelta a la excusas. “El gol de Alex” es quizá la obra más personal hasta la fecha de Antonio, un texto lleno de dolor y desamor, que renace como el mismo autor, a una nueva vida, a un camino que será diferente, pero en el que se tiene que seguir caminando. Una comedia que es un drama, como las grandes comedias. Como los grandes dramas. Como la vida en la ficción.

Ficción también es la de “Selfie”, comedia, o drama, o simplemente una película sobre España, sobre la actual, o la …