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Carmen


Carmen no es muy alta, sin embargo, mueve con gracia su cuerpo mientras descarga cajas de fruta, una detrás de otra: melocotones, tomates, platanos, que con destreza, se apilan en filas perfectas y  combinan perfectamente con sus palabras, que no paran de salir de su boca roja, delineada a la perfección pese a ser las nueve de la mañana: dice, siempre con una sonrisa, que con todo el trabajo que hace sería para estar más delgada; se queja, de que a ella nadie la ayuda a descargar, aunque prefiere hacerlo sola, ya que ella ha sacado su negocio con sus manos y  no le debe a nadie nada; suspira, pero esta es mi vida.
Carmen es de esas mujeres que son capaces de llevar con elegancia un traje y un chandal, lo segundo, lo usa por obligación, ya que es muy incómodo atender en la frutería bien vestida, sin embargo, cuando va a los ensayos del grupo de Teatro, siempre encuentra tiempo para ir arreglada, y que sus compañeros, no la vean como Carmen la frutera, sino, como Carmen, la actriz.
Pese a que Carmen se siente jóven, y lo es, sus cuarenta y dos años no van acorder con la edad que aparenta; quizá sus hijos adultos, o algún nieto a destiempo, le ha hecho hacerse mayor a la fuerza para aparentar una edad en su escala generacional en la que no se sienta identificada, puesto que la juventud que vive dentro de su cuerpo, la ha querido abandonar por momentos, aunque también por momentos parece que la recuperara, como si creciera al revés.
Carmen, aunque parezca raro, se siente más segura detrás de su puesto de fruta, que encima de un escenario. Las inseguridades afloran cada vez que un personaje intenta hacer que hable con sus palabras, y se siente perdida, pidiéndo ayuda, en éste caso a mi, que la intento calmar y llevar sin muchos problemas, al sitio donde debe llegar: una buena actuación.
La Carmen frutera está integrada en la sociedad; habla con los clientes de cada uno de los temas que éstos le presentan en su jornada laboral, y, como buena frutera, a cada uno le da lo que realmente quiere escuchar, quizá, ha aprendido tanto a callar su opinión real, que ésta, ya no existe por ningún sitio.
La Carmen actriz no se calla nada, e incluso hay veces que parece reirse de la Carmen frutera, contando anécdotas de su trabajo, y quitándose así, quizá, un peso o una culpabilidad que le han hecho hablar mal de cosas en las que, quizá, realmente cree, ya que la Carmen actriz es abierta de mente,es moderna, es divertida, pero, la vida, como ella dice, le ha hecho mirar con distintos ojos a cada una de las direcciones donde posa la mirada.
Yo conozco a Carmen.
Ayer conocía a la Actriz, hoy conozco también a la frutera. Quizá ninguna de las dos sea la de verdad, o quizá, las dos, en su conjunto, sean lo que conforme a la verdadera Carmen, una mujer en apariencia simple, pero que la complejidad la persigue en cada uno de los recobecos en lo que se adentra su ajetreada vida, la pasada, y la que le queda por vivir.

Un beso Carmen si lees esta entrada...aunque no lo creo.

Comentarios

combatientes70 ha dicho que…
Menudo personaje has retratado tan simple y tan complejo... me ha gustado... creo que tienes la base para un relato u algo parecido... mil besos... te espero en breve

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