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Espera y verás.


Quiero escribir una entrada sobre Nyman porque, en uno de mis viajes diarios, cuando todo parece que va, pero no, cuando las prisas, y el estrés, cuando sabes,  pero no lo sabes muy bien, cuando el sí o no, entre agobios y entregas, cuando no te reconoces, y sin embargo te sientes más tú que nunca, cuando todo desaparece, aparece Molly, una de las canciones de la banda sonora de Wonderland, ese icono personal, que te alienta en los cambios. Y entonces piensas, que escribir sobre Nyman estaría bien, más que bien, pero no sabes muy bien cómo hacerlo, porque, reconoces que aunque te gusta, y te gusta mucho, es más, quizá sea el único compositor de bandas sonoras al que le prestas atención, tampoco sabes muy bien qué contar de él, más allá de que su música es un poco la música de la vida propia, más allá de que te acompaña en los momentos que te debe acompañar, en el cine, y en la vida, en la propia vida.

Esa tan difícil de imaginar.

Por eso, no escribes sobre Nyman, y crees que podrás escribir sobre algún libro, cualquier libro, el mejor de los libros que no te has leído, porque, aunque ahora vuelvo a leer, la intensidad de los días, del último mes, te lo ha impedido. Sin duda, la normalidad la sientes cuando puedes volver a sentarte en el sofá y puedes concentrarte en la lectura. Lo más fácil para retomar, sin duda, un best seller, por mucho que los odies, por mucho que pienses que no es buena literatura, por mucho que opines que los que escriben best seller no son buenos escritores. Pero te convence uno, y lo sigues leyendo. El poder del Perro te atrapa como la mejor de las novelas. Y la sigues, y vas por la mitad, ya seguirás.

Como siempre sigues.

Por eso no escribes una entrada sobre libros, para qué, si no has leído en semanas, para qué si no sabes qué decir. Quizá de discos, quizá de Santos, porque en el fondo te gustaría escribir una entrada de Garcia Lorca, ya que en los últimos días has hecho un viaje por su vida a través de los pueblos donde vivió, y sí, en el fondo, lo sabes, te gustaría criticar ese viaje, y decir algo que ya hace mucho tiempo que sospechas, y que denuncias entre dientes, y es que se trata a los poetas y escritores que murieron en la guerra como si fueran santos, y se habla de ellos con santidad, y se les muestra en sus casa como las mejores personas, y si fuera posible, a más de uno se le ocurriría pensar que hicieron milagros, cuando lo que realmente tiene que quedar son las obras, buenas, malas, mejores, pero al fin y al cabo, lo que hicieron, lo que escribieron, lo que ellos mismos quisieron dejar en el mundo, hablar al mundo, no lo otro. Creo que Lorca se sentiría avergonzado del uso político que se hace de su persona, santificándolo y glorificándolo como si fuera un dios. Un santo. Algo que él mismo odiaba. O no

Quizá sí.

Pero, tampoco hablas de eso, para qué, no vale la pena, para qué, a nadie le importa, para qué.

Quizá lo mejor sea callar, y dejar las palabras, como de la nada, lleguen, poco a poco, y sean, y existan , y quieran salir, en lugar de obligarlas a hacer cosas, a decir cosas, que sinceramente, no quieren.

Dejamos hablar a las palabras. Ellas lo saben todo.

Ellas lo tienen todo.

Ellas lo guardarán para siempre.

Tu espera, y ya verás.

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