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El hombre menospreciado.


Se acabó The Pacific, esa pequeña joya de diez capítulos producida por Tom Hanks y Steven Spielberg, empeñados en acercarnos con sus producciones la cara más amarga del ser humano a través del inhóspito escenario que propicia la guerra, germen de las miserias más exacerbadas de toda la historia de la humanidad.

The Pacific cuenta en varios tiempos, marcados por diferentes batallas, las hazañas de un grupo de soldados americanos en la segunda guerra mundial, esta vez, en el flanco que el bloque aliado abrió para combatir a los Japoneses. Con una veracidad extrema, y una crudeza inimaginable, las bombas, las estrategias, los miedos, y los disparos al bando enemigo, van formando un mosaico vital donde los grandes temas son ejemplificados con inquietantes aciertos: el amor, la perdida de la inocencia, la muerte, el falso heroísmo, la propaganda política, y como no, la amistad entre hombres, porque, The Pacific, más allá de una serie bélica, es sin lugar a dudas una serie de personajes masculinos, donde los hombres juegan el papel principal, para bien, y también para mal.

Sin duda, y aunque no sea un tema que trate la serie de manera premeditada, ese hombre que se mueve de manera central en toda la serie, está bastante alejado del hombre, o de algunos hombres, que vivimos en la sociedad en este momento. El hombre que muestra la serie es alguien fuerte por encima de todo, un soldado valiente que no le teme a nada y  que tiene que luchar por su patria para luego volver, y ser ensalzado con honores, ser convertido en un héroe, por las mujeres, los niños, y los hombres que no pudieron ir a ayudarlo. Y claro está, al hombre de esa guerra se le permite todo; puede ser un mal hombre, un mal padre, un mal marido, un mal hijo, pero siempre será ese héroe convertido por el pueblo: alguien que salvó a su país del enemigo.

Todo cambia, todo se recicla, todo da vueltas y vueltas en busca de equilibrios, de fuerzas que se ajustan unas con otra para reforzar al individuo, cada vez en mayor igualdad, y al mismo tiempo, más separado los unos de los otros. Los cambios son difíciles, y los avances sociales se dan de forma diaria. De eso, no cabe duda.

No cabe tampoco ninguna duda, ahora que el cambio se centra en la búsqueda de la igualdad, en que la “imagen” que se busca será la más equitativa, en la que el hombre y la mujer puedan centrarse en la fotografía a una altura igualitaria, a una altura ficticia pero que con el tiempo, sin lugar a dudas, será real. En los días se habla de ellos y de ellas, del vosotros y vosotras, de los y las jóvenes, distinguiendo, separando, haciendo ver por todos los medios las diferencias que yo no consigo ver.

Javier Marías ya ha hablado más de una vez en sus artículos de lo ridículo que a veces resulta para políticos hablar con este tipo de distinción, y que, sin embargo, con el tiempo ha terminado instaurándose en todo documento oficial; afortunadamente en la sociedad este tipo de formalidades ha terminado por no instaurarse, y cada uno, como siempre, habla como le da la gana.

Y así, en esa igualdad a la que hay que llegar, y con la que yo también comulgo, existen también actitudes que amenazan sus principios vitales. En más de una ocasión me he encontrado con algún conferenciante, masculino o femenino, que para explicar un abuso al género femenino, utilizaba al género masculino como burla, o en estilo de sorna, sin que ningún hombre pueda quejarse, ya que, al parecer, el hombre ya no tiene derecho a quejarse después de tanto tiempo de superioridad o reinado. Y así, en los días que nos mueven, el hombre es un mal ejemplo a seguir, ya que es machista, maltratador, no cuida las tareas, y lleva a pique el mundo con sus inversiones financieras, practica abusos de poder, y realiza actos endiabladamente sexistas en cada uno de sus trabajos. Y da igual que clase de hombre se sea, parece que, a los que nos ha tocado vivir ahora debemos de pedir perdón por todos los que nos precedieron, y debemos echarnos a nuestras espaldas una culpa que nos es ajena, y por la que, no tenemos que responder ante nadie.

Sin duda, cuando en un Ministerio como es el de Igualdad, el tema principal a tratar es la mujer, y su avance social, su igualdad con respecto al hombre, se olvidan las pequeñas batallas libradas, y se piensa que el fin justifica los medios. Pero éste tipo de actitudes no son más que pasos atrás, son caminos equivocados que abren brechas aún más grandes entre nosotros, y que, sin duda, acabarán por separarnos todavía más entre géneros, cuando la realidad, cuando el día a día, cuando la normalidad, es sin duda a veces buena consejera, y mueve y cambia y decide a un antojo caprichoso, pero que sin lugar a dudas, termina por ser el menos equivocado.

Veremos que nos espera en el futuro, yo voy a volverme políticamente incorrecto. Al fin y al cabo, me opinión es propia, y cambia, y se recicla, y decide por mi cuando yo mismo no sé qué decidir.

Comentarios

combatientes70 ha dicho que…
¿Y qué hacemos? Seguir arrastrando nuestra culpa, hijo, no nos queda otra... y cualquiera levanta la mano en esa conferencia y se queja... ya es hora de que empecemos a abogar por el individualismo... paso de lo colectivo... yo soy yo y bastante tengo con mis propios pecados, si los tengo, para tirar con los de los demás... y yo no tengo nada que ver con el hombre de genero masculino... sólo que segrego semen... y tampoco es que me sirva para mucho... besos

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