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Los hombres malos, las mujeres culpables, y los gays armariados.


Por lo general, los guionistas de las series más vistas son conscientes de que, dado el gran número de ofertas que el espectador de televisión tiene, y lo fácil que es cambiar de canal, deben utilizar todos sus recursos, y todos sus trucos para intentar dejarlo planchado en el sofá, y que no se mueva de ahí en, al menos, cuarenta y cinco minutos. Quizá por eso, la mayoría de las series tienen un ritmo trepidante y muchas tramas, para hacer más atractivo al espectador lo que ve, y para no darle tiempo ni a pensar.

El cine es otra cosa. En el cine el espectador está sentado en su butaca, y por lo menos, permanecerá en ella un rato, y desafortunadamente para él, no podrá cambiar de canal. Por eso, el cine, da la oportunidad de hablar más con el espectador, y de contarles cosas más profundas y que muchas de las veces necesitan de un ritmo y de un tempo que la televisión es imposible que le dé. Aunque, no siempre pasa.

A mi, como a cualquier espectador de series, también me ha cegado el ritmo de las mismas, y esto, que no es ni bueno ni malo, ha hecho que deje de ver otras series quizá más interesantes, pero que, por su ritmo, me ha costado engancharme. Como botón de muestra valga Mad Men, quizá la mejor serie de la actualidad, y que yo dejé de ver después de su primera temporada. Por fin he visto su estupenda y maravillosa segunda.

Mad Men sigue un poco como en la primera temporada. Un grupo de hombres y mujeres que trabajan en una empresa de publicidad en los años sesenta en Estados Unidos. Lo importante de Mad Men no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta, la capacidad para reflejar los universos que se forman en la sociedad, y los pequeños dramas que se hacen grandes al compararlos con la actualidad en la que vivimos, donde, increíblemente, siguen vigentes. El conflicto en Mad Men nace de las convenciones, las que habían obligado a la mujer a vivir en casa, y al hombre a trabajar, o también de las convenciones religiosas que persiguen de pecado a la pobre Peggy, o la de los homosexuales dentro de los armarios de los matrimonios, que empiezan a vislumbrar algo de luz en ese, todavía, culpable pensamiento.

Mad Men se supera, sin duda, en la segunda temporada, con su ritmo pausado, parecido al cine, y sus tramas novelescas, ambiguas, complejas, haciendo de su visionado una tarea placentera, en la que, el mando a distancia ni se toca, ni se mira, y mucho menos se menciona que existe. Estamos en los sesenta, viendo una gran serie, y viviremos como entonces...bueno, sólo metafóricamente.

Comentarios

la maestra ha dicho que…
Me encantaría que los días fueran mas largos para disponer de tiempo suficiente y ponerme al día de muchas cosas. Es imposible seguirte, pero seguro que es otro acierto esta serie que nos propones. Yo por lo pronto, tengo muchos otros atrasos.

TEquiero

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