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La vida familiar.


Empezaré con un tópico: la familia no se elige. Sí, es un tópico manido y repetitivo, y que, a base de estas repeticiones, que no por ellas, parece más verdad de lo que en realidad es. Más o menos verdad, de entre todo el abanico de oportunidades y elecciones que podemos hacer a lo largo de la vida, la familia es una de las primeras que nos viene autoimpuesta. Por supuesto, las quejas por la familia pueden ser muchas, pero tampoco llegan a ser por el mismo hecho de ser tu familia. Al fin y al cabo, desde pequeños nosotros somos parte de ella, y se nos educa en la misma, se fomentan los hábitos, buenos o malos, y se nos da una visión de la vida, moral, ética y política, que en nuestra edad adulta, nosotros decidiremos si es la que nos interesa, o no. Nuestra familia nos ata a nosotros mismos, a nuestro pasado, a nuestro futuro, y en cierto modo, siempre hay que rendir cuentas, o al menos, dar explicaciones cuando a nadie o casi nadie se las damos. Sin embargo, al final, nos guste o no, llegamos a integrarnos como parte activa de la familia, y nos creamos un rol que vaya acorde con el equilibrio que ésta necesita. Ya sea el hijo responsable y obediente, o el rebelde y malhumorado, o el esquivo adolescente, o el mandón con aires de grandeza. En fin, para todo hay, como familias a las que decepcionar, porque, eso sí es claro, si uno quiere de verdad vivir su propia vida y ser feliz en ella, más tarde o más temprano, tendrá que librarse de esta familia, y acabar decepcionándola.

Puede que en esta decepción familiar empiecen los traumas, o al menos, parte de ellos. La culpa siempre nos invade, y es poderosa y traicionera.

La segunda temporada de In Treatment, la estupenda serie de la HBO, tiene como tema principal la familia, y las tramas, todas, giran en torno a ella. Al igual que en la temporada anterior, cuatro personajes, y los dos terapeutas, se reúnen una vez a la semana para intentar arreglar sus problemas de vida; Una mujer de mediana edad, ejecutiva, y con una gran dependencia a su padre. Una chica joven con un secreto por revelar, y que guarda para no herir a su madre y a sus hermano con síndrome de Asperger. Un padre que ve como su hija mayor no sigue sus pasos, y vive su vida. Y un niño de diez años que se encuentra en la mitad del divorcio de sus padres, y en los que no encuentra más que odio. También el terapeuta tiene una trama familiar, un divorcio y unos hijos a los que no puede ver por la distancia. Y todas las tramas y todos los capítulos vuelven a estar excelentemente escritos y dirigidos como en su primera temporada. Quizá en esta segunda, el factor sorpresa se pierde, pero, al fin y al cabo, ya sabemos de qué va la historia. Diálogos y más diálogos que poco a poco profundizan en las relaciones humanas, en el intelecto, en el alma a veces herida que todos llevamos con nosotros y que debemos curar para poder seguir avanzando.

Acabaré con un tópico: en la vida no se nos da una brújula con la que poder seguir un camino a la felicidad. Hay que equivocarse en el camino, volver atrás, a veces rendirse, otras avanzar. Lo que sí es claro, que por mucho que nos gritemos, y discutamos, y odiemos, y queramos, la familia siempre está ahí, también la familia que cada uno quiera inventarse, y a falta de un terapeuta, también a veces, es capaz de arreglar algún que otro desarreglo emocional. Al menos lo intenta. También la ficción a veces es capaz de llegar a donde uno necesita ir, quizá, la ficción de vez en cuando abra partes de nosotros que no conocíamos, y nos enseñe nuevos caminos, y nos eduque también en el rumbo. No soy por lo general muy fan de que la Ficción pueda hacer esta cosas, pero, sin duda, In treatment tiene la fuerza del pensamiento, de fomentarlo, y reforzarlo, y sólo por eso, se merece unas cuantas horas de mi tiempo en cada una de sus temporadas. Seguro que más tarde o más temprano, tendré que revisitarla. Lo haré con el mayor de los placeres.

primera temporada

segunda temporada

Comentarios

ma ha dicho que…
mola la serie, a ver si me pongo a ver la segunda...

la felicidad está en el camino mismo...

la familia y todo lo que vivimos, sobre todo en la infancia, forman parte de nosotros mismos de una manera tan estrecha, que no podemos distinguir una cosa de la otra. me alegro de tener a mi familia, con sus cosas buenas y sus cosas malas. aceptarse es aceptar tb las raices.
Liandou ha dicho que…
Si tienes la serie te la pediré este mismo mes, ya que casi he terminado con todo lo que me dejó Nacho.

La verdad es que mi concepto de familia ha sido muy variable en el tiempo por el mismo hecho de lo que decías de la infancia.
Amador Aranda ha dicho que…
Borré la serie, en fin, no suelo guardarlas, porque me falta espacio en los discos duros...en fin, eso. Pero creo que Miguel Angel si que la tiene. Un beso a los dos.
Ricardo Baticón ha dicho que…
Hola Amador. Ya sabes que yo no soy muy de series... por falta de tiempo, más que nada. Selecciono y elijo casi siempre pelis. Pero sí que tiene buena pinta.

Ya de vuelta a la normalidad y a la vida rutinaria... Saludos!

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