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Londres. Primera parte.


Londres despierta de repente, como una imagen inconsciente en mi cabeza que sus calles detonan como una bomba de recuerdos inesperados. El hotel nos recibe en español y las calles, para nuestra sorpresa, también están llenas del idioma. Paseamos toda la tarde a la orilla del Tamesis, recorremos puentes, calles, bares, parques con lunares en los arboles. Londres por la tarde se divierte en la calle, con hombres y mujeres enchaquetados frente a varias pintas de cerveza. Vemos el global treatre y varios teatros, pero el tiempo no nos da oportunidad para poder acudir a algún apetecible espectáculo. Otra vez el otra vez.

La lluvia hace su aparición, pero no nos importa mientras nos perdemos entre los londinenses, con seguridad, con impaciencia, con soltura. Compramos algo para cenar y acabamos un primer día prometedor. Las sonrisas nos delatan, pese a lo caro de la ciudad, nos encanta estar en ella. Es una ciudad abierta, moderna, y sabe reírse de ella misma, quizá un poco como los ingleses. Esas personas tan peculiarmente inventadas a sí mismas. También los ingleses son hindúes, de la colonia, y son parte de la ciudad, indisoluble y plena, y cada vez más rica, con esas culturas tan diferentes y variadas que el cine todavía no ha integrado en nuestro insconciente colectivo.

El segundo día despierta con ganas de museos, Londres, además, está repleto de ellos. El primero será el Tate Britain, quizá no el más famoso, pero que a mi me sorprende gratamente con sus montajes. El arte por el arte sin sentido, sin significado, tiene especial importancia en este museo y me gusta, me divierte. Las videocreaciones o las esculturas gigantescas me hacen abrir los ojos con interes. También ocurre en la Tate Modern, donde además el espacio cobra una especial importancia, como si de una catedral moderna se tratase. El exceso y el gusto se encuentran en perfecto equilibrio.

Nacho quiere ver el museo de historia natural, el cual nos cierran casi al llegar, así que decidimos ir a Notting hill sabiendo que sin el mercadillo de portobello road, que se monta los sábados, el barrio tendrá menos interes. No encuentro ninguna tienda de discos...en fin, quizá no miro bien. Harrods será nuestra siguiente parada, intrigados por su fama, lo recorremos con espectacion haciendo de la decepción una palabra a repetir sobre el sitio. Harrods es pretencioso y cateto a partes iguales. Un lujo innecesario, y que al contrario que el arte por el arte, deja de tener sentido. Harrods presume sólo y exclusivamente del dinero. No me gusta.

Caminamos, paseamos, dormimos, seguimos.

(escrito con mucho trabajo desde mi ipod)

Comentarios

Desde las alturas.......buen viajeeeeeeeeeeeeeeeeee¡¡¡¡¡¡
Ricardo Baticón ha dicho que…
Hola Amador. Se agradecer tu esfuerzo de escribir desde tu ipod. Son épocas veraniegas para todos y hay que hacer verdaderos esfuerzos para mantener más o menos actualizado el blog, verdad?, a mí también me pasa.

Londres es un escaparate abierto a la cultura, al arte, a las civilizaciones. Una gozada. Ya nos contarás más cosas en una o más partes. Saludos.
Unos zarcillos pa mi luna : ha dicho que…
pero qué moral tienes....escribir desde el iphone...a mí me pone mu nerviosita...disfruta y luego en un directo nos das detalles.

Un besazo como la foto que ilustra este post, llenitico de lunares.
TQ
R.

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