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Escocia. Primera parte.


Si hay algo que he aprendido en este viaje a lo largo de sus trece días, y que ratifica mi mala fama de urbanita, es el gusto a conocer ciudades, ya sean pequeñas como la preciosa Inverness, como más grandes, como la maravillosa Londres, o Edimburgo. A titulo personal, descubrir las ciudades en lugar de conocer los entornos naturales me parece más interesante. Me gusta la forma en que las personas crean los pueblos, los edificios, las calles, y los juegos que se producen con ellos, a veces, mediante obras de arte que se integran perfectamente en mitad de una calle, o encima de una acera, o colgando de un gran edificio, o simplemente con la cotidianidad de las vidas de los habitantes de estas ciudades. Me gustan las voces de la gente en las calles, sentirme extranjero y pequeño en los lugares que no conozco, y engrandecerme cuando ya me empiezan a ser familiares los sitios, las caras, cuando empiezo a formar parte, aunque sólo sea por unos días, de ellos. Viajar abre la mente, conocer gente, costumbres, formas de vida diferentes, abre la mente, abre las fronteras y los caminos del pensamiento. Quizá por esta versión que tengo sobre los viajes hizo la segunda parte del mismo algo más aburrida, ya que la naturaleza me aburre demasiado pronto, y no soy muy amigo de las largas caminatas, aunque sea rodeado de las preciosas Highlands.

La segunda parte del viaje comienza en Glasgow, aunque no vemos nada de la ciudad, más allá de la estación de tren, y del servicio de alquiler de coches. El coche nos hará recorrer en diez días Escocia casi de punta a punta. Se une más gente al viaje, Antonio y Carmen, que van en un coche diferente al nuestro. Tranquilos, empezamos nuestro camino por la izquierda con un Raúl asustado al volante. Nacho conducirá más tarde, aunque le pillará el gusto a la conducción, dejando a Raúl más liberado del suplicio. Stirling, y alrededores nos harán pasar las dos noches siguientes, en las que visitas al campo serán la tónica. La casa rural donde nos hospedamos es inmejorable, y con unas vistas a un lago preciosas. También empezamos a descubrir los Pubs Escoceses, y sus estupendas cervezas (la comida menos). Stirling es una ciudad pequeña, y su Castillo nos decepciona algo. Quizá venimos malacostumbrados de Londres. Seguimos nuestro camino y ahora llegamos a Inverness, ciudad que nos sorprende gratamente. Como ya digo, no soy muy de ver paisajes, decido quedarme el día siguiente en la ciudad y visitarla. Gran acierto. Inverness es una ciudad mucho más moderna e interesante de lo que a primera vista ofrecía su paisaje lleno de catedrales y de iglesias de todo tipo de religiones. Es una ciudad viva, con pequeños museos, centros comerciales abiertos, y gran vida en las calles. Por cierto, antes de que se me olvide, los Escoceses son maravillosos; amables, pacientes y serviciales como nunca había conocido a nadie. La estancia en Inverness nos pone las pilas para seguir con energías, además, nuestro Bed and Breadfast es también estupendo, con una claraboya en el techo que nos ilumina al despertarnos. Veremos el lago Ness, y no vemos al monstruo….creo que cobraban por verlo o algo así.

Seguimos hasta Ullapul, donde, afortunadamente, sólo pasaremos una noche. Aquí con el Hotel no hemos acertado mucho, al menos nuestra habitación, que es fea, y poco higiénica. Se une más gente al viaje. Carlos, María Jesús, Ana Belén, y Francisco. Nos vamos de excursión y cenamos en un pub donde parece estar lleno sólo de Españoles. Reconozco a un chico, un actor que salía en la Fiesta. Nos sientan cerca en la mesa, y por casualidad, acabamos hablando con ellos. Su chica también es actriz, y ambos aparecen en Amar en tiempos revueltos. Nos despedimos de ellos, y nos vamos al hotel, al día siguiente nos espera Fort Williams.

De Fort Williams veremos poco, más allá de su estupendo Bed and Breadfast, y de sus magníficos desayunos, aderezados por equivocaciones con Porrish, gachas o algo así. Visitaremos los alrededores, y poco a poco nos iremos despidiendo de Escocia, aunque, nos quedará el plato fuerte, Edimburgo, que será al día siguiente, y que se convertirá en la sorpresa más agradable del viaje.

Comentarios

The small groupie ha dicho que…
Madre mía, sí que hacía tiempo que no entraba y menuda vida!!!!!!! menudo verano...no has parado, envidia sana me corroe, espero dentro de poco disfrutar así o un poquito jajaja.

Qué buen vértigo!!! te busqué pero ya vi que no, que tu verano de vértigo pasó por otros sitios.

Espero poder cruzarnos en algún momento, no en la feria que no estaré, me voy a la playa para desconectar del verano de Martos y poner a punto mi última asignatura!!
combatientes70 ha dicho que…
como te imaginas... yo tb soy de grandes ciudades... la naturaleza, la montaña... me aburre... no la playa... que me vuelve loco... pero te entiendo... y espero pronto tu diario de edimburgo... besos
Amador Aranda ha dicho que…
pues nada...small groupie, ya nos veremos en algún concierto el año que viene, que seguro que lo hay. Qué lo pases bien lo que queda de verano. Un abrazo.

Lo sé. Donde se ponga una ciudad, con su golpe de edificios, y sus aceras...jajaj. Besos. Nos vemos en Feria.

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