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Fanáticos de la buena vida.

También yo, pese a que cada vez en menor medida, tengo prejuicios hacia algunos artistas. Realmente, no entiendo los porqués de éstos prejuicios, ya que, al fin y al cabo, es el arte el que debería llenarme, y no, su forma de ser, o la forma de ser que yo creo que tienen, y que hace que ese arte que cultivan no me guste. Claro está, esto tiene un punto incontrolable por mi parte, así que hay gente que a veces me llega a gustar, y otras que nunca lo hacen. Le sumaría también, que los que me llegan a gustar, nunca me convierto del todo en fan, sino más bien, en un descuidado consumidor de su arte, ya sea música, cine, o literatura.

En éstos días, o más bien, meses, escucho sin parar a P.J. Harvey, artista, que yo ignore gran parte del tiempo, es más, al único concierto al que pude ir que fue en el Summercase, lo sustituí por el de Phoenix, tampoco me arrepiento, tenía muchas ganas de verlos, aunque, claro está, ahora tengo muchas ganas de verla a ella. Sin duda, el disco que me ha abierto los oídos a su música, ha sido el maravilloso White Chalk, que de vez en cuando iba a apareciendo en el modo aleatorio de mi ipod. Una escucha más profunda me ha hecho adorarlo por completo, pensando que es uno de los mejores discos que he escuchado. Por supuesto, cuando te vas haciendo fan de alguien empiezas a buscar las cosas que antes había hecho, y sí, poco a poco he ido escuchando los disco de P.J. Harvey, y emocionándome con ellos, sobre todo con Stories from the City, Stories from the sea.

Podríamos decir, o más bien, diría yo mismo, que en poco meses me he ido convirtiendo en fanático de Pj. Harvey, y eso conlleva escuchar todo lo que saque, leer las entrevista que te vayas encontrando, y claro está, estar lo más atento posible a sus concierto, para así completar un ciclo que empieza con la escucha de sus discos.

Los prejuicios no habían sido los culpables a que yo no me acercara a la obra de Roberto Bolaño, es más, los títulos de sus novelas siempre me parecían sugerentes, y ya me habían acercado a “Los Detectives Salvajes”, la cual apenas pude empezar ya que devolví a la biblioteca. Ahora, empiezo la lectura de su 2666, última obra de Bolaño, y que se compone de cinco libros, no de pequeña extensión. No sé por qué, tenía yo algo de respeto al acercarme a 2666, ya que más de una persona me había dicho que la obra era algo pesada. Sin embargo, el primer libro me ha parecido sublime, lleno de un ritmo y de un tempo narrativo que ya le gustaría a más de uno tener, me incluyo, y con unos personajes que me han enamorado totalmente. Aunque, lo que más me ha gustado, es que Bolaño usa una forma de mover a los personajes con la que yo estoy totalmente de acuerdo, y es ni más ni menos que su fanatismo por un artista, un tal Archiboldi, que los hace moverse entre ciudades, vivir aventuras, tener romances y enamorarse, conocer a gente y a otras culturas, y en fin, todo gracias a que un día leyeron una novela del tal Archiboldi, y los enamoró, y así, movieron el mundo, y se movieron ellos mismos.

Sin duda eso es ser fan, eso tiene de mágico que te guste con pasión algo, que hace que te muevas sin que te des cuenta, que luches y vayas a sitios donde creías que no ibas a ir nunca, que visites ciudades, o conciertos, o teatros. Que esperes con impaciencia a que P.J Harvey de un concierto cerca, o Franz Ferdinand, o Radiohead, o Wilco, o Belle and Sebastian. La cultura nos mueve, y nos encuentra, o nosotros la encontramos a ella, pero sin duda ser fan le da un sentimiento aún más profundo, de aventura, casi mágico, haciendo que el acto deje de ser vacío para convertirse en profundo dentro de cada uno de nosotros, que sin saberlo, nos vaciamos y llenamos a torrentes de inconsciencia. Por eso quizá cada vez me guste más la palabra “fan”, y huya de otras que no terminan de sugerirme lo mismo. Ser fan es una definición personal, y según lo fan que seas de algo también te define un poco como persona. No es lo mismo ser fan de Muñoz Molina que de Antonio Gala, y no es lo mismo ser fan de Madonna que de Björk, ni es lo mismo ser fan de Spielberg que de George Lucas. Los matices dicen mucho, y al final, esto entra en un gran círculo que se va haciendo cada vez más grande, y que sólo dice una cosa, que la buena música, el buen cine, la buena literatura, es simplemente una forma de ver la vida, y una forma diferente de vivirla, y que muchas de las veces, la gran mayoría, no es entendible por los demás, y lo que es peor, y más frustrante, no es explicable, y no tiene forma, ni color, ni sirve para con ello, tener más o menos dinero, pero sí, sí sirve para avanzar, disfrutando un poco más, por éste camino que es la vida, y que al fin y al cabo, todos compartimos, entendiéndonos o no.




Comentarios

combatientes70 ha dicho que…
ser fan te hace moverte... te hace ser más tú... ampliarte... un cantante te lleva a otro y un escritor a una ciudad... es una maravilla ser fan de la cultura... y yo soy fan de ti... me ha encantado tu entrada
Amador Aranda ha dicho que…
La verdad es que tu eres el ejemplo perfecto, y tu forma de vida cuadra casi al cien por cien con estos impulsos que nos mueven, de un lado a otro. Yo también soy fan tuyo. Un besote guapo, y toca ya vernos.
mykelangelo ha dicho que…
yo nos soy vuestro fan :P, para mi sois otra cosa ;)

no es la primera vez que digo, creo, que yo soy carne fan. para mi ser fan de alguien es perder un poco la objetividad (aunque lo que te haya llevado a ello sean valoraciones subjetivas), enamorarte de eso que te gusta. es así, es lo más parecido al amor.

a mi la 'pelleja' me entanta, ya lo sabes. desde el stories from the city... en el que colaboraba sutil y grandiosamente thom yorke, la sigo más o menos fielmente. este último disco me enamoró desde hace tiempo y aún hoy lo escucho casi a diario. es una música húmeda, brumosa, con tintes mágicos y románticos... como álbum es totalmente coherente y redondo. además, su voz es inconfundible y precisa.

ahora estoy como tu, navegando por sus anteriores discos, y de momento la cosa pinta muy bien...

bs

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