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La vida dentro del cuadro.



Hace unas semanas me topaba por casualidad en el vestíbulo de un Hotel con un libro que repasaba la biografía y obra de Edward Hopper, pintor americano por el que siento una gran admiración. La verdad, es que creo que siento más que una gran admiración, profeso un gran fanatismo por su obra. Me gusta mucho su pintura, su forma de dar vida o de arrancar el alma a los personajes que dibuja y soltarlos en un mundo donde la espera es lo único que cuenta. Me gustan sus paisajes atemporales llenos de una aplastante y equilibrada soledad. Y sus cromatismos tenuemente rabiosos que llenan de intensidad escenas de la vida cotidiana americana en la que vivió el autor, y de la que, por lo que decían en el libro, no se separó mucho.
En el citado libro contaban que Hopper hizo pocos viajes a lo largo de su vida, al igual que pocas entrevistas, por lo que en el libro no se hablaba apenas nada de su vida, aunque por lo que parecía, tenía un carácter difícil, y un gusto bastante peculiar por la pintura. Sólo le gustaban algunos pintores, y a los demás, los obviaba de forma inmediata. Se contaba en el libro que al volver de un viaje a Toledo, hablaba de que la ciudad le había gustado mucho….y olvidaba hablar por completo del pintor oficial de la ciudad, El Greco.
Me pregunto de qué forma encajaba Hopper en una época donde las vanguardias invadían el mundo artístico y donde los pintores empezaban a ser estrellas, además de artistas, y las modas eran más que una forma de entender el arte. Afortunadamente Hopper no fue un incomprendido y mucha gente entendió su forma de ver la pintura, entre ésta gente, el genial Hithcock, que imitaba sus pinturas en sus películas.
Me pregunto cuan peligrosas pueden ser también las modas para el arte, ya que éstas cambian, y en los tiempos que corren donde todo es inmediato, lo hacen incluso con más rapidez. En lo que llevamos de siglo XXI, en música hemos cambiado de modas varias veces; desde la electrónica mezclada con pop, al folk, el rock renovado, el pop melódico. En cine, el Dogma entró con fuerza, y con la misma fuerza se fue. En literatura, "la Iglesia" y sus miserias parecen ser una tónica recurrente en la literatura comercial. Y en las series….no hay modas, ya que todo vale, y casi todo triunfa (americanamente hablando, claro está).
Es extraño como, ahora que la tecnología nos acerca a todas las artes de forma fácil y económica, tenga la sensación de que me pueda estar perdiendo cosas, que la forma de vida acelerada y donde todo llega como torrentes de información, está haciendo que deje de prestar mi atención haciendo grandes obras de la música o del cine, o quizá de la literatura. Puede que sea fruto de que además, yo, en cierto modo sienta culpabilidad cuando hablo mal de algo que luego me gusta mucho, como me pasó el año pasado con Arcade Fire, y este año con Portishead, disco que, además, no paro de escuchar. O puede que, tenga un síndrome de abstinencia artística tan grande, que nunca me sienta saciado del todo y por eso piense que me esté perdiendo cosas. O puede que, simplemente, la moda sea consumir por consumir, sin apenas tener tiempo para digerir lo consumido.
Me pregunto cómo encajaría Edward Hopper si en la actualidad pintara sus obras. ¿ Se le encuadraría en una corriente pictórica clásica?, ¿ O se le denostaría por no ir acorde con el mercado?. ¿Alguien contemplaría sus cuadros con la paciencia que éstos requieren?
Busco una respuesta para todo esto, pero no la hay; busco una forma original de acabar esta entrada, pero ya he acabado demasiadas y se me acabaron las frases efectistas que cierren con fuerza lo narrado; lo mejor, sin duda, es dejar que todo siga, sin cerrar nada, y abriendo la vida a la posibilidad, a la oportunidad de saber que todo puede ser, siempre que sea haga con intensidad, con pasión, y con la inteligencia que las obras de arte hacen de estas lo que son, atemporales formas de ver al ser humano retratado como lo que es, un cúmulo de incertidumbres que lo llevan a mayores grandezas, y a las más inútiles, malvadas, y vergonzosas miserias. Todo es lo que uno quiere que sea.

Comentarios

Unos zarcillos pa mi luna : ha dicho que…
pero qué mamón...no te he leído...cuando regrese te leeré...pero no he podido pasar sin advertir a mi favorito del mundo mundial....Edward Hopper...recuérdame te confiese porqué es por el que más pa mí.

Un beso...luego te leo
Amador Aranda ha dicho que…
Me alegro que te guste...a mi me vuelve loco.
Un besote.
combatientes70 ha dicho que…
Maricón, que pedazo de entrada... que más se puede decir... que reflexión tan seria... y mientras yo hablando de culos... ¡Cómo puedo ser tan frívolo!

Cada duda que tú apuntas... me la planteo cuando salgo del cine o me compro o me bajo un disco nuevo... ¿será definitivo? ¿me acompañará unos días, unos años, o un gran periodo vital? creo que sólo el día día lo sabe... yo me dejo llevar... oigo, miro, leo y al final disfruto... pero preguntándome siempre... mis sobrinos nietos disfrutaran con lo que yo disfruto... mil besos
Amador Aranda ha dicho que…
Gracias guapo...Yo, sinceramente, me he reído mucho con tu entrada...me ha parecido graciosísima, y muy fresca, y muy luminosa, como siempre eres tu. Un besote.
RICARDO BATICÓN ha dicho que…
Hola Amador,

interesante tu reflexión sobre la pintura de Edward Hopper con el mundo actual de avances tecnológicos que nos permiten una saturación de información... de ahí a lo mejor una posible explicación a lo de "está haciendo que deje de prestar mi atención haciendo grandes obras de la música o del cine"... en mi opinión ahora tenemos tantos canales de información (internet) y medios (mp3, portátiles) para disfrutar de nuevos artistas... que al final nos crean casi ansiedad y no podemos dedicar el tiempo que se merecen todos los artistas...

Edward Hopper es de mis pintores preferidos, tengo 2 libros sobre él y me compré una carpeta con láminas suyas. Una gozada de pintor.

Saludos.
Amador Aranda ha dicho que…
Al final todos somos fans de hopper, cosa que, por otra parte, no me estraña. Un abrazo Ricardo.
la maestra ha dicho que…
No es mi pintor favorito, pero siempre lo he admirado por su forma tan sencilla de plasmar la realidad y la soledad que todos llevamos dentro, que subraya en cada uno de sus personajes, soledad que recrea conflictos internos, figuras aisladas que hablan por sí solas, soledad que también plasmó en sus paisajes vacios. Sus cuadros, aún con esos colores planos y esa luz mágica de las que penetra en el alma, me han producido siempre melancolía y tristeza y me han invitado a la reflexión. Me lo imagino vagando por lugares públicos donde parece que la soledad no tiene cabida, sembrando personajes desvalidos y con problemas de comunicación.
Me quedo con ese final tuyo, obras atemporales que dibujan al ser humano como lo que es.

¡Enhorabuena por esta entrada!
Un besazo que dibuja sonrisas
Amador Aranda ha dicho que…
Pues para no gustarte Maestra...la de cosas que dices de él, jeje. Sí, hay que disfrutar de las obras atemporales, y ser inteligentes en descubrirlas también, porque si, hay que buscar algo de verdad, seguramente en ellas, encontremos un poco. Un besote.
Kinush ha dicho que…
Josu Amador!!eres un fenómeno me ha encantado tu entrada.
Hopper, creo yo, que marco su propio ritmo fuera de tendencias artisticas del momento y eso es lo que le hace tan especial y sobre todo esa impresioante forma de expresar en pintura la soledad y asilamiento en la vida en una gran ciudad estadounidense.
Lo que dices es cierto, su pintura, como las pinturas de todos los grandes necesitan un tiempo para mirarlas, para adentrase en la escena, en los sentimientos en la vida que nos muestra el artista..hoy en día ese tiempo no lo tenemos y es una pena ir a los museos como borregos de un lado para otro saturandonos de imágenes sin sacar nada de ellas.

un abrazo Amadorrr (voy a leerme otra vez la entrada que está de puto madre)
Kinush ha dicho que…
perdón...a leerte!!que escribo rápido y meto a gamba que no veas.
Amador Aranda ha dicho que…
Me alegro de que te guste la entrada...además viniendo de ti, me gusta más, ya que sé lo apasionado que eres por el arte. Un abrazo.

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