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Mostrando entradas de octubre, 2008

Cine clásico en pantalla grande

Si hay algo que le da un aire cultural “especial” a una ciudad es que ésta goce de una Filmoteca en la cual, cada cierto tiempo, se programen ciclos de cine interesantes, se vuelva a rescatar a directores que puede que vivan en el olvido, y haga de todo esto, un acontecimiento apetecible para todos aquellos “aficionados” al séptimo arte. Afortunadamente para mi, Granada tiene filmoteca, a la que de vez en cuando Miguel Ángel y yo (Nacho todavía se resiste), hemos acudido para ver películas, nuevas o antiguas, en una pantalla grande, y en la maravillosa versión original subtitulada, que las series, parece están poniendo de moda. (qué bien).

Ayer acudíamos Miguel Ángel y yo para ver “Quiero la cabeza de Alfredo García”, de Sam Peckinpah. Y allí, rodeados de gente joven, y menos joven, de alternativos, peluos y gafapastas, disfrutamos durante dos horas de una maravillosa película, llena de modernidad, y de tragedia griega, de referencias al cine actual, y de actores desconocidos, desparec…

Reflejos (segunda parte)

Es difícil hacer un listado de cuantas veces el cine o la literatura han llevado acontecimientos históricos y humanos al cine, o en el caso de la literatura, los han novelado. Y es difícil ese listado porque el cine ha hecho de las guerras, de los conflictos, y a veces de la incontenible barbarie humana, un género cinematográfico en sí.(como puede ser la comedia, o el terror)
Este género, a veces, ha sido necesario para dar a conocer guerras y políticas olvidadas, películas necesarias que cumplen una función quizá más accesible que la de sentarse delante de un libro de historia. Otras, sin embargo, han intentado recaudar lo máximo posible en taquilla. No creo que lo segundo sea malo, nada más lejos de esto. Al fin y al cabo, el cine es cine, y es una industria y un negocio que debe de ser rentable.
Es complicado el reflejo que la sociedad a veces busca dentro del cine, de las historias de dramas humanos y sociales. De un tiempo a esta parte, y sobre todo con la total autonomía mundi…

Reflejos (primera parte)

Resulta interesante comprobar como los libros, las películas y las fotografías, además de contar historias propias, se terminan convirtiendo en retratos de la época en la que fueron escritos, o filmados. Retratos a menudos inconscientes, pero que, vistos con los años, trasmiten información sobre la sociedad de la época, sobre las modas y la arquitectura de las ciudades, y con esos inconscientes retratos, fabrican reflejos en los que poder entender el pasado, y así, entendernos a nosotros un poco más.
Son como las cajas del tiempo que se entierran para luego encontrarlas, sólo que éstas están visibles para todo aquel que quiera echar un vistazo al pasado común de la humanidad.
Por supuesto, encontrar esto en la literatura o en el cine de nuestros días, resulta poco interesante, ya que, la época en que vivimos nos interesa para vivirla, no para recordarla. Están los casos en los que el cine, o la literatura te puede trasportar a otros lugares en los que nunca has estado, y aprender así co…

Amigos de siempre.

A veces y muy de vez en cuando, el cine te sorprende, y descubres que la película que fuiste a ver porque no había otra que ver, te emociona y te gusta más de lo que esperabas. Y un director, al que su momento adoraste con películas como Sexo, mentiras y cintas de video, te vuelve a sorprender, no tanto como antes, pero sí con la ambición del que quiere contar historias de manera más o menos veraz. Che, el Argentino, primera parte de lo que es sólo una película, pero que ha decidido estrenarse en dos mitades, cuenta la revolución Cubana, con Ché Guevara como protagonista, y con un inmenso Benicio del Toro.
Y casi en la misma semana, un director que siempre ha estado te vuelve a sorprender, gratamente, y te hace sacar una sonrisa. Mike Leight y su Happy, son una joyita del cine, que como tal, es una película pequeña, y llena de alegria de vivir la cual está trasmitida de forma magistral por su protagonista, Poppy, una chica que vive, y nada más.
Y si es la semana de la esperanza, de los …

La vida dentro del cuadro.

Hace unas semanas me topaba por casualidad en el vestíbulo de un Hotel con un libro que repasaba la biografía y obra de Edward Hopper, pintor americano por el que siento una gran admiración. La verdad, es que creo que siento más que una gran admiración, profeso un gran fanatismo por su obra. Me gusta mucho su pintura, su forma de dar vida o de arrancar el alma a los personajes que dibuja y soltarlos en un mundo donde la espera es lo único que cuenta. Me gustan sus paisajes atemporales llenos de una aplastante y equilibrada soledad. Y sus cromatismos tenuemente rabiosos que llenan de intensidad escenas de la vida cotidiana americana en la que vivió el autor, y de la que, por lo que decían en el libro, no se separó mucho.
En el citado libro contaban que Hopper hizo pocos viajes a lo largo de su vida, al igual que pocas entrevistas, por lo que en el libro no se hablaba apenas nada de su vida, aunque por lo que parecía, tenía un carácter difícil, y un gusto bastante peculiar por la pintur…