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Un trozo del discurso.

Bueno, Marías ya es académico de la lengua, y claro está, ha hecho un discurso que leería (yo no lo vi), delante de todos los académicos. Uno, después de haber leído mucho del autor, no se deja de sorprender con él, la verdad. Entresaco, un poco fuera de contexto, un poco del discurso, en el que cuenta una historia para hablar de algo más amplio como es el oficio de escribir, y de contar historia literarias. En fin, a mí me hizo mucha gracia.

Javier Marías. Trozo del discurso.

La intervención ante el juez de aquel Vián me
fue relatada, y como yo estaba familiarizado con su «esti-
lo» y su forma de hablar y de ser confuso y de dar rodeos, y
por tanto me resultaba fácil imaginármelo en la situación
judicial e imitarlo, hacía esto último a menudo, siempre a
petición de mi maestro Juan Benet, al que mucho divertía
aquella escena semiinventada, ya que ni él ni yo la había-
mos presenciado. «Anda, haz Vián ante el juez un rato»,
me decía Benet en una cena, como si fuera una pieza fija
en el repertorio de un actor. Es decir, no me pedía un rela-
to ya sabido, como piden los niños a los mayores, sino una
escenificación, por otra parte de algo a lo que yo no había
asistido y que en consecuencia admitía variaciones, inno-
vaciones y fabulaciones. Lo cierto es que a la invitación del
juez a que relatara los hechos, Vián respondía (era un poco
amanerado): «Biennn, cómo contestarle, pues verá, seño-
ría, había salido yo a dar un paseo, así, al atardecer, total-
mente solo, a mis anchas, como por la Castellana, o sea
como a refrescarme sin más, es decir, sin intenciones, ¿ver-
dad?, tranquilo, mis cosas, tal. Ya sabe, como que al termi-
nar la jornada lo que más le apetece a uno es desentumecer-
se un poco, mmm, zancada larga, paso firme, tal. Bueno,
hablo por mí, no sé si a su señoría... Entonces: árboles, olor
a tierra, brisa en la cara, respirar hondo, estirar las piernas,
el ánimo como despejado... Porque yo trabajo en la radio,
o sea, no de locutor exactamente, me falta voz para eso, no
es profunda, no es sedosa, pero he tenido que ponerla en
algunos programas, nadie se ha quejado...
Pero vamos, más bien los preparo, mmm, como muchas horas metido
en el estudio. Así que salí al atardecer: casi verano, tarde
que empieza a refrescar, la Castellana típica, coches, tal,
gentío, como travestis en las aceras, a punto de estallar,
muy arregladas, ya sabe su señoría que por allí hacen la ca-
lle, bien. Nada en contra, ¿eh?, como que paso sin mirar-
las apenas, lo mismo que si fueran mi madre con su bolso
y unas amigas, ya sabe: bolso, amigas, merienda, tal».
Lo llamativo del asunto era que el juez, en lugar de
llamar al orden a Vián e instarlo a ir al grano y a centrarse
en lossucesos que atañían a la causa, lo miraba entre estu-
pefacto y fascinado, el codo sobre la mesa y la mejilla apo-
yada en el puño, en verdad embebido por la retahíla de su-
perfluidades y prolegómenos que Vián iba empalmando.
Los acusadores —toda una familia, por cierto— y sus re-
presentantes empezaron a ponerse nerviosos, porque la cosa
se alargaba y con aquel testimonio parecía imposible que se
fuera a sacar nada en limpio. Y mientras el juez escuchaba
embelesado, en verdad encantado, Vián proseguía: «Y en-
tonces, o sea, como que de pronto lo veo venir a él, es decir,
mi amigo, es decir, el acusado. Injustamente acusado, seño-
ría, porque él se acerca a mí, no a los travestis, vamos, para
nada, porque ni a él ni a mí, mmm, como que no nos va eso,
cero bajo cero. Insisto, nada en contra, tal, pero como que es
el travesti, o sea ella, el que se dirige a él, no a mí sino a él.
Cigarrillo en los labios superlargo, falda estrecha, mucho ta-
cón y... le pide fuego. Pero claramente con segundas, o sea,
no en plan “¿Tienes fuego?”, sino más bien como “¿Tútienes
fuego?”. Su señoría se dará cuenta de la diferencia... Etc.».

Comentarios

mc ha dicho que…
"Nada en contra, ¿eh?, como que paso sin mirar-
las apenas, lo mismo que si fueran mi madre con su bolso
y unas amigas, ya sabe: bolso, amigas, merienda, tal"

Sumamente impagable.
David ha dicho que…
Me gustaría haber visto a Marías leyendo esto en la Academia, o mejor aún, haberlo visto en casa de Benet y luego ver cómo lo hacía en la Academia.
Ya me he leído el discurso y la réplica, y es muy bueno, muy entretenido, y con mucha verdad.
Es curioso que en la Academia hablen de Los Soprano, tendré que empezar a ver esa serie...
David ha dicho que…
Aquí está el video de este trozo del discurso (se oye fatal):
http://youtube.com/watch?v=CJrFC1Aam-w&feature=related
Amador Aranda ha dicho que…
La verdad es que haber estado ahí, hubiera estado muy bien...por cierto, el audio es malo malo...pa que digan que mis videoblogs...jaja. Besos.
Ricardo Baticón ha dicho que…
Curioso discurso éste, me ha gustado. Al menos es original y no el típico "formalista".

Hace unos años Reverte, ahora Javier Marías... el Suplemento de los domingos se va a llenar de académicos!
Amador Aranda ha dicho que…
Además Reverte y Marías son amigos...La verdad es que la academia, como el mismo Marías dice, ya no es caduco como hace un tiempo, y cada vez se moderniza más. Yo tengo un plugin en el dasboard del ordenador de la RAE...asi que, modernos están, jeje.Saludos.
Capitán Alatriste ha dicho que…
Llego tarde pero llego. Ayer leí el discurso y la verdad, me ha parecido excepcional, sublime, como casi todo lo que en mis manos ha caído de Marías.

Sumamente impagable decía mc...sí, esa puede ser una buena definición.

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